Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Riquezas insospechadas


Ilustración tomada de taringa.net

Para cuando Juan terminó el relato sobre La Nao, la mayoría teníamos otro semblante y hasta sentimos hambre. Cautelosos bajamos al comedor para ingerir un bocadillo y luego regresamos deprisa a cubierta por si nos caía mal. Afortunadamente, salvo dos o tres excepciones, todos se sobrepusieron al mal del mar.

            Cuando apreciábamos la puesta de sol en la cubierta de proa, Ray exclamó:

            ¡Quién lo diría!

            ¿Qué sucede? Le preguntamos. 

            Que la frontera de México, prácticamente colinda con territorio francés en este recóndito rincón de ultramar contestó.

            Una reflexión interesante ¿no creen? De hecho, la distancia entre los límites de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Isla Clarión (México) y Clipperton (Francia) es escasamente mayor a 100 millas náuticas (185 kilómetros).

            Al anochecer, el capitán Pichard anunció que durante un par de horas el Albatrus reduciría la velocidad para hacer algunas mediciones con la sonda Jonás. Adela sabía por el GPS que recién entrábamos a la ZEE correspondiente a Isla Clarión y preocupada sugirió diéramos una vuelta por la cabina de sonar para averiguar lo que monitoreaban los geólogos con sus equipos. Con cierto sigilo nos acercamos donde trabajaban Didier y Richard. Como había sucedido la primera vez que utilizaron la sonda, ambos observaban muy atentos imágenes y datos que enviaba Jonás. Al descubrirnos curioseando, amablemente nos explicaron que unas manchas obscuras que aparecían en los monitores eran los nódulos polimetálicos más grandes y prometedores que existen en el planeta.

            ¿De qué hablan? Cuestionó con desconfianza Adela.

            De gigantescos y valiosos yacimientos minerales respondió Didier.

            En una extensa zona del suelo oceánico, sobre la Dorsal del Pacífico, entre las Fracturas de Clipperton y Clarión, se encuentran millones de toneladas métricas de nódulos que contienen cobalto, cobre, manganeso, molibdeno y níquel; igualmente se sospecha que en áreas adyacentes existen importantes vetas de oro, plata e inclusive platino comentó.

            Intentando enterarse de las intenciones del equipo de geólogos franceses al realizar ese sondeo subacuático, Adela cuestionó:

            ¿Pero ese recurso le pertenece a México?

            Lo que está dentro de su ZEE sí, pero en aguas internacionales podrá ser de cualquiera que sea capaz de mantener tan ambiciosa empresa, hablo de cifras millonarias y además de una sofisticadísima tecnología para extraer los metales del lecho marino dijo Didier.

            Adela insistió:

          ¿Pero lo que estamos viendo ahora en los monitores es mexicano?

            Al captar cuál era la verdadera intención de la pregunta de nuestra compañera, Didier aclaró:

            Por supuesto Adela, sabemos perfectamente que estamos dentro de la ZEE de México, nuestra intención al documentar estos vastos yacimientos es únicamente con fines científicos. Cualquier geólogo u oceanógrafo lo haría, sería un desperdicio no monitorear tal maravilla con un equipo como la sonda Jonás.

            Debido al agotamiento de los recursos no renovables por las sociedades consumistas de los últimos siglos, la industria ahora busca sus insumos en las profundidades oceánicas. Es por tal razón que la minería submarina, poco a poco, ha ido cobrando importancia.

            Hoy en día la minería subacuática obtiene infinidad de metales del lecho oceánico. Por desgracia, el método más utilizado es el dragado, proceso que en la mayoría de los casos genera destrucción y graves daños ecológicos, sobre todo en aguas someras, donde es más abundante y delicada la vida. Por fortuna ya existen tecnologías que utilizan submarinos robotizados, capaces de descender hasta el fondo del mar, y desde ahí, posados como ventosas, perforan el subsuelo marino para extraer todo tipo de materiales, de un modo más limpio y eficiente.

            Al observar las gigantescas instalaciones petroleras en Golfo de México y Mar del Norte, no es difícil imaginar lo que en un futuro próximo veremos: seguramente, en algunos años aparecerán pequeñas ciudades establecidas en plataformas ubicadas mar adentro, las cuales albergarán cómodamente a miles de personas que se ganarán la vida extrayendo todo tipo de productos, incluidos alimentos cultivados, minerales, gas natural y petróleo. Únicamente nos queda esperar que dichas actividades se realicen de una forma amigable con la naturaleza.

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