Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

La tragedia

Mujeres y niños sobrevientes de Clipperton
Foto tomada a bordo del USS Yorktown en 1917 

El 15 de julio de 1914, Victoriano Huerta renuncia a la presidencia y entonces la Revolución Constitucionalista de Venustiano Carranza disuelve al Ejército Federal, incluido el XXI Batallón al que pertenecía el destacamento de Arnaud, y además ordena concentrar la Fuerza Naval del Pacífico en el puerto de Manzanillo, Colima; hechos que sin duda marcaron el destino de la colonia mexicana en la Isla de la Pasión.

            En Clipperton, la partida de los náufragos del Nokomis y las provisiones llevadas por el Cleveland aliviaron un poco la situación de la guarnición, pero al paso de las semanas nuevamente el agua debió ser recolectada de la lluvia y la alimentación se redujo básicamente a pescado, mariscos, aves marinas, huevos de éstas y de vez en cuando pan elaborado con la poca harina que aún les quedaba. Lamentablemente la falta de vegetales ocasionó la aparición del escorbuto, terrible enfermedad que cobró la vida de varios miembros de la colonia. Ante tal amenaza, las mujeres idearon un brebaje utilizando las hojas de las palmeras y las cáscaras de los cocos, con el objetivo de aprovechar toda la vitamina “C” que pudieran contener y aparentemente les dio resultado.

            Para mayo de 1915 la situación era desesperada, fue entonces cuando un barco apareció en el horizonte, aproximándose lentamente a la isla. Los miembros de la guarnición hicieron toda clase de señales para llamar su atención; sin embargo, el buque no se detenía. En ese momento Arnaud y sus hombres decidieron interceptarlo en una pequeña lancha de remos y lo lograron.

            Desde la playa, las mujeres y los niños observaron con alegría cómo aquel misterioso navío se detuvo para que los hombres lo abordaran, pero luego vino la decepción e incertidumbre cuando regresaron a su pequeño bote, y el barco, del que nunca supieron más, reanudó la navegación.

            Según los relatos, cuando la pequeña embarcación regresaba a la playa sorteando el fuerte oleaje vespertino, zozobró por el embate de algún gran animal marino y sus cuatro tripulantes desaparecieron. Quizá lo que realmente ocurrió fue que la embarcación encalló contra el arrecife, se volcó y los hombres murieron ahogados y devorados por los tiburones.

            En la isla, cuatro mujeres dos de ellas embarazadas y un grupo de niños fueron testigos de aquel horrendo espectáculo que terminó con las vidas del capitán Ramón Arnaud, el teniente Secundino Ángel Cardona, así como del sargento Agustín Irra y el cabo Felipe Lara.

            Al principio parecía que todos los hombres de la colonia habían muerto, pero días después apareció el soldado Victoriano Álvarez, apodado “El Negro, un colimense psicológicamente trastornado, a quien Arnaud le había asignado la tarea de cuidar el faro y que vivía solitario en una casucha al pie de Clipperton Rock. Este sombrío personaje luego se transformaría en un energúmeno que llegó al extremo de autoproclamarse rey de la isla, convirtiéndose en un tirano, asesino y violador.

            Cansadas de los abusos del Negro; Alicia Rovira, la viuda del capitán Arnaud, y Tirza Rendón, la viuda del sargento Irra, buscaron la forma de terminar con el despreciable sujeto y precisamente la mañana del 18 de julio de 1917 se les presentó tan ansiada oportunidad. Mientras Álvarez se encontraba distraído, Tirza le asestó un fuerte golpe en la cabeza con un martillo y con la ayuda de Alicia lo tundió hasta matarlo. Al tiempo que eso ocurría, el barco de guerra norteamericano USS Yorktown se aproximó a la isla en busca de bases enemigas. Cabe recordar que por aquellos años se libraba la Primera Guerra Mundial y los estadounidenses, preocupados por los nexos que el presidente Venustiano Carranza tenía con Alemania, sistemáticamente patrullaban las islas del Pacífico mexicano en busca de barcos o submarinos germanos.

            Aquella mañana, al acercarse a Clipperton, el comandante Harlan P. Perril pudo ver personas en la isla que hacían señales y por ello decidió enviar un bote para averiguar qué sucedía.

            Horas más tarde la sorprendida tripulación del Yorktown recibió a bordo a tres mujeres adultas y varios menores mexicanos, personas que de alguna forma habían podido sobrevivir en aquella inhóspita isla durante más de tres años. Es importante mencionar que existen varias versiones de la cantidad exacta de niños rescatados, aunque todo parece indicar que fueron siete, cuatro de ellos hijos del matrimonio Arnaud. En cuanto a “El Negro”, su cuerpo fue arrojado al mar, donde seguramente los escualos dieron cuenta de él. 

            Esa misma tarde Perril zarpó rumbo a Salina Cruz, donde tres días después, el 21 de julio de 1917, por fin terminó la epopeya de los sobrevivientes de Clipperton.

            Con el tiempo Alicia Rovira se enteró que el capitán Williams del Cleveland, el capitán Jens Jensen del Nokomis y Gustavo Schultz, representante de la compañía guanera, habían transmitido reiteradamente a distintas autoridades del gobierno mexicano la petición de auxilio enviada por los miembros de la colonia en Clipperton, pero deliberadamente no respondieron y los abandonaron a su suerte, ya que se trataba de un último reducto del Ejército Federal Mexicano, enemigo de la Revolución Constitucionalista de Carranza.

            Para colmo, en enero de 1931, Vittorio Emanuele III por fin emitió el falló decisivo respecto al laudo arbitral por la controversia de la propiedad del atolón, obviamente favoreciendo a Francia, y tres años más tarde (1934) el gobierno mexicano inexplicablemente aceptó dócilmente tal resolución.

            Vergonzosamente, al aceptar el enajenamiento de su isla, el gobierno de México desperdició el patriótico sacrificio de aquel grupo de modestos soldados que murieron heroicamente salvaguardando la soberanía nacional.

            Francia tomó posesión de la isla en 1935, instaló un destacamento militar y reconstruyó el faro. Aunque esa ocupación fue fugaz, porque siete años después los galos la abandonaron y desde entonces únicamente la visitan eventualmente.

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