Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Expedición previa

Botes inflables a bordo del rompehielos Arctic Sunrise
Foto: Juan Manuel Ramírez

En septiembre de 2004 tuve la oportunidad de navegar a bordo de un barco de Greenpeace, el rompehielos Arctic Sunrise, el cual realizó una travesía que inició en Ensenada, Baja California, y terminó dos semanas después en Puerto Vallarta, Jalisco. Dicha expedición tuvo la finalidad de promover en México las energías renovables (eólica, geotérmica y solar) como alternativa a los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo), principales responsables del cambio climático global.
           
En aquella ocasión, Greenpeace alertó a los ensenadenses sobre las nefastas consecuencias que acarreará la construcción de plantas regasificadoras en la región, las cuales además de incrementar riesgos por accidentes o atentados terroristas y provocar daños ambientales severos, serán el primer paso para que México pierda su independencia energética, ya que las termoeléctricas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), como la existente en Rosarito, Baja California, eventualmente se reconvertirán al gas natural y se harán dependientes cautivas de combustibles e intereses de corporaciones extranjeras.

            El gas natural que pretenden enviar a Baja California provendrá de regiones tan lejanas como Indonesia, donde previamente será enfriado y presurizado para convertirlo en líquido. De esa forma se reduce su volumen, posibilitando transportar mayores cantidades en enormes barcos cisterna, que convertidos en verdaderas bombas flotantes cruzarán el Pacífico hasta Islas Coronado y Costa Azul, al norte de Ensenada. Posteriormente, en las plantas regasificadoras, que solamente darán empleo a medio centenar de personas, se revertirá el proceso y finalmente el gas será enviado por gasoductos a California (EUA).

            Por el ilimitado potencial eólico y solar que posee Baja California, Greenpeace contrapropuso impulsar esas fuentes de energía, que aunadas a la geotérmica de Cerro Prieto, pueden satisfacer la demanda eléctrica de todo el estado, generando miles de empleos.

            Otra de las acciones realizadas en esa ciudad, fue llevar a representantes de organizaciones civiles y medios de comunicación nacionales e internacionales al archipiélago de Coronado, cuatro pequeñas islas ubicadas a 13 kilómetros de la costa de Tijuana, lugar donde la petrolera Chevron-Texaco, con la anuencia del gobierno mexicano, pretende construir una de esas plantas regasificadoras para abastecer a California. El objetivo era mostrarles la riqueza biológica de las islas, hogar de varias especies animales y vegetales únicas en el mundo. En ese contexto, al concluir la visita, activistas de la organización desembarcaron y simbólicamente declararon área natural protegida al archipiélago.

            Como conclusión, quedó claro que si el gobierno mexicano otorga la concesión, las Coronado en pocos años se convertirán en un enclave estratégico para los intereses energéticos de los Estados Unidos, lo cual propiciará que México prácticamente pierda la soberanía sobre ese territorio insular y que la transnacional petrolera opere en completa libertad su terminal marítima, planta regasificadora y gaseoducto; infraestructura que directa e indirectamente causará impactos devastadores sobre el delicado ecosistema del archipiélago.

            En noviembre del mismo año recibí un correo electrónico firmado por Ray González; la misma persona que había mostrado interés por mi artículo sobre Clipperton. El señor González me explicó que trabajaba en un proyecto relativo a La Nao de China y que en febrero del 2005 realizaría una travesía por el Pacífico mexicano documentando la ruta que seguían los mercantes españoles en la época colonial; motivo por el cual me invitaba a participar como asistente del argumentista de la expedición. Con cierta incredulidad le contesté que yo no era historiador, que la intención de mi nota sobre Clipperton perseguía fines meramente conservacionistas, aunque dejé abierta la posibilidad de integrarme de cualquier otra forma.

            Al día siguiente, el misterioso personaje respondió explicando los objetivos que perseguía su multidisciplinaria expedición y además mencionó que me conocía por Adela López, la editora de Econotas, y por Juan Kuan, viejo amigo mío y director del grupo conservacionista Sociedad Mexicana Litorales, quienes también habían sido invitados.

            Inmediatamente tomé el teléfono y me comuniqué con Adela para preguntarle por qué no me habían avisado...
           
            Queríamos que sintieras lo que nosotros respondió.

            De esa forma me enteré que el español Raymundo González era un investigador independiente, que en ese momento participaba en un proyecto cofinanciado por la National Geografhic Society y que el motivo por el cual nos invitaba era para enriquecer su argumento documental con el punto de vista mexicano.

            Antes de confirmar nuestra participación en la expedición, González envió un temario para enterarnos qué información ambiental, histórica, geográfica y política de las islas debíamos recabar y corroborar. Asimismo nos hizo una modesta, pero nada despreciable oferta económica. Conscientes de la gran oportunidad que significaba participar en una empresa de ese nivel, los tres, más que decididos preguntamos:

            ¿Cuándo nos embarcamos?

            Por cuestiones económicas y logísticas, la expedición, integrada por equipos de varias nacionalidades y con objetivos diferentes, partiría desde Panamá y concluiría aproximadamente cuarenta días más tarde en San Diego, California. Adela, Juan y yo, los únicos mexicanos, abordaríamos en Salina Cruz, Oaxaca y teníamos dos opciones de desembarque: en Cabo San Lucas, Baja California Sur, o bien, en Ensenada (Baja California).

El Albatrus II sería el barco de 61 metros de eslora y 13 de manga, en el que más tarde realizaríamos la travesía de poco más de 5 mil kilómetros. El buque de bandera francesa, que desarrolla velocidades superiores a los 25 nudos (46.3 kilómetros por hora), tiene capacidad para transportar cómodamente a doce tripulantes operativos, un helicóptero, cuatro lanchas y dos pequeños vehículos anfibios. Cuenta con dos grandes bodegas, una de ellas especialmente acondicionada para un sumergible y una moderna sonda sonar. Además está equipado con un  laboratorio de última generación tecnológica para hacer análisis químicos y biológicos; tiene estudio fotográfico y de edición de video con sala de proyección, talleres de mantenimiento, biblioteca, sala de computación con conexión satelital a Internet, un amplio comedor, sala de estar, gimnasio y por supuesto una gran cocina, lavandería, enfermería, baños y cabinas para albergar hasta veinte pasajeros. En pocas palabras, una maravilla.

            El Albatrus se construyó en un astillero de Corea del Sur y se equipó en Europa, su viaje inaugural lo realizó en 1997 y le pertenece a una fundación oceanográfica con sede en el principado de Mónaco. Permanentemente surca los océanos realizando investigaciones científicas para organismos privados y gubernamentales. El costo de su arrendamiento... una barbaridad.

***

Enero 12 de 2005
EXPEDICIÓN A ISLA CLIPPERTON
Fuente: Editorial Econotas

Tres compatriotas participarán en una expedición cofinanciada por la National Geografhic Society a las islas exteriores del Pacífico Mexicano, incluida la lejana Clipperton, atolón que hasta 1931 fue parte del territorio nacional.

Los ambientalistas Juan Kuan y Victor Busteros, así como la periodista Adela López, navegarán a bordo del barco francés de investigación oceanográfica ALBATRUS II, apoyando al equipo de expedicionarios que documentará el estado actual de seis islas mexicanas y una francesa.

Científicos, documentalistas y radioaficionados de Alemania, Argentina, España, Estados Unidos, Francia e Inglaterra, integrarán el resto de la tripulación.

La expedición partirá a finales del próximo mes de febrero, desde Panamá (1) rumbo al puerto mexicano de Salina Cruz (2), de donde se internará 1300 Km mar adentro hasta Isla Clipperton (3), posteriormente se dirigirá al Archipiélago de Revillagigedo, donde primero visitará Isla Clarión (4) y más tarde las islas Socorro y San Benedicto (5), luego navegará hasta Cabo San Lucas (6) y de ahí a Isla Guadalupe (7). Luego estará en el pequeño archipiélago de Coronado (8), para finalizar en el puerto de San Diego, California (9). Es probable que la expedición visite también las islas San Benito y Cedros, ambas ubicadas frente a la costa sur de Baja California.
***

No hay comentarios:

Publicar un comentario