Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

El tsunami de Asia

Tsunami en el Océano Indico, diciembre de 2004
Imagen: NOAA

Debido a los terribles acontecimientos en el Sureste Asiático (26 de diciembre de 2004) el Albatrus fue fletado urgentemente por un equipo de sismólogos que viajó a la costa de Sumatra con el objetivo de instalar una red de instrumentos para alertar a la población en caso de un nuevo maremoto. Asimismo, para sondear el lecho marino y tratar de determinar las causas del terremoto y posterior tsunami, que en combinación cobraron la vida de al menos 250 mil personas. Por consiguiente nuestro viaje fue aplazado.

            Independientemente de lo anterior, hasta entonces no habíamos recibido la autorización oficial para visitar Clipperton, documento solicitado con mucha anterioridad al Alto Comisionado de la República Polinesia Francesa. La expedición quedó sujeta a imprevistos y González sugirió estar preparados para embarcarnos en cualquier momento.

            Mientras tanto, Adela, Juan y yo dividimos el trabajo y cumplimos lo solicitado por González. Como la buena periodista investigadora que es, Adela viajó varias veces desde su natal Colima a la ciudad de México para buscar documentos históricos, cartográficos y científicos. Recorrió diversas dependencias gubernamentales, entre otras, la Secretaría de Gobernación (SEGOB), el Archivo General de la Nación (AGN), la Secretaría de Marina (SEMAR), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

            Juan, que vive en Acapulco, se encargó de gestionar lo referente a la Administración Portuaria Integral (API) para que el Albatrus pudiese arribar a puertos nacionales y también consiguió los permisos correspondientes a la Secretaria de Marina.

            Yo viajé a la ciudad de Aguascalientes, a la sede del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) para conseguir cartografía del Pacífico mexicano. Posteriormente, en Guadalajara, me dediqué a buscar libros y documentales sobre las islas, así como información recabada por organizaciones no gubernamentales.

            Semanas después nos reunimos en Colima con una montaña de documentos, libros, mapas y videos. Nuevamente dividimos el trabajo y nos pusimos a leer, pero como una bola de nieve, mientras más leíamos, más información encontramos y al final no hubo más remedio que hacer espacio en nuestras atiborradas mochilas para llevarnos una buena cantidad de documentos de tarea.

            Por otra parte, los tres somos buzos y no desaprovecharíamos la oportunidad de hacer algunas inmersiones con el grupo de naturalistas de la expedición. Pero algo nos preocupaba: habíamos leído que Clipperton era un hervidero de tiburones y por tal motivo recurrimos a un amigo de Juan, apellidado Dubois, especialista en escualos que además había estado en la isla. El experto amablemente nos envió una lista de recomendaciones para ese tipo de buceos.

            Mientras esperábamos la fecha para embarcarnos, González nos hizo llegar una lista que incluía el equipo y objetos personales recomendados para el viaje. Como era de esperarse, nos advirtió que el espacio en el barco era reducido, por lo que sólo podríamos llevar lo estrictamente indispensable. Sin embargo, sabíamos que serían por lo menos veintidós días de viaje, así que tuvimos que hacer valer el famoso dicho mexicano que reza: Todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Al respecto debo mencionar que Adela logró una increíble proeza física de compactado, digna del Record Guinness.

            Aparte de la maleta con enseres personales, cada uno de nosotros llevaría otra bolsa con equipo de buceo, además de los videos, libros y documentos que no habíamos podido revisar, y por supuesto, las siempre indispensables botellas de tequila; en mi caso, una de regalo para el capitán, otra para el jefe de la expedición y una más por aquello del mareo.

            Por fin, la autorización francesa que permitía a la expedición visitar Clipperton fue liberada y un mes más tarde la naviera que administra al Albatrus confirmaba que el barco estaría en Panamá la primera semana de abril.

            De acuerdo a esa información, Ray González pronosticó que el Albatrus llegaría a Salina Cruz el martes 12 de abril, razón por la cual reservamos boletos de avión para llegar un día antes. Adela viajó en coche desde Colima para reunirse conmigo en Guadalajara y juntos volamos a la ciudad de México, donde nos encontramos con Juan, que previamente se transportó desde Acapulco. Posteriormente viajamos en avión a Huatulco, donde tomamos un taxi que nos llevó hasta Salina Cruz. Finalmente, esa noche nos hospedamos en un hotel cercano al puerto y vía teléfono satelital, desde el Albatrus, Ray confirmó que llegarían al día siguiente por la noche.

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