Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Día 8, miércoles 20-04. De pesca a la francesa


Marlin azul
Foto: animal-kid.com

Al amanecer, los geólogos nuevamente solicitaron reducir la velocidad para sondear el fondo marino con Jonás; la petición causó desazón entre la mayoría, ya que con la maniobra se retrasaría nuestro arribo a Clarión. Sin embargo, no todos vieron con malos ojos que el barco navegara lentamente. Cuando parte de la tripulación se daba a la tarea de colocar la sonda en el agua, el primer ingeniero Fermín, acompañado de Pachi, el cocinero, bajaron uno de los botes y lo abordaron con sus respectivos equipos de pesca; luego el capitán Pichard, acompañado por el segundo oficial Cardan, Maurice y Ray hicieron lo mismo en otro bote. Gracias a que yo estaba de “mirón”, Fermín me invitó a ir con ellos y por supuesto acepté. De inmediato nos adelantamos al barco y aproximadamente a una milla del Albatrus, Fermín disminuyó la velocidad y me pidió que guiara el bote mientras él y Pachi colocaban los señuelos en sus respectivas cañas y tendían las líneas.

           Esa mañana el sol brillaba esplendorosamente sobre el mar de color azul intenso y también se avistaban muchos pájaros cazando peces pequeños en la tranquila superficie. Mis conocedores compañeros mencionaron que eran condiciones excelentes para lograr una buena captura. Fermín me preguntó si tenía alguna experiencia de pesca deportiva por aquellas latitudes, le contesté que un poco, porque mi familia gusta de realizar dicha actividad en Barra de Navidad, Jalisco, donde tenemos una pequeña embarcación. Le comenté que normalmente lo que pescábamos eran dorados y atunes, aunque en algunas oportunidades también habíamos capturado pez vela (Istiophorus platypterus) y en otra, a un monstruoso marlin azul (Makaira nigricans), el cual, después de varias horas de lucha, escapó dejando maltrecho a mi padre. Le confesé que en aquella ocasión yo tuve la mala fortuna de estar sujetando la caña en el instante que la línea se rompió.

           Justo cuando relataba aquella desafortunada experiencia, la caña de Pachi se torció violentamente y el rechinido de su carrete desbordó la emoción. De inmediato reduje la velocidad y los tres miramos atentos en dirección a los curricanes, Pachi tomó su caña, Fermín recogió la suya y yo me quedé en el volante tratando de avistar lo que había picado. Durante algunos segundos pensé que la presa se había escapado, porque Pachi embobinaba su línea sin problema, pero de nuevo la chicharra del carrete sonó con fuerza y a unos 20 metros de la popa saltó un enorme marlin azul tratando de liberarse del anzuelo.

           —¡Víctor, aquí está tu monstruo! —exclamó euforicó Pachi.

           Los tres celebramos al ver tan imponente pez; Pachi se sentó en la banca trasera de la embarcación para recobrar línea y aproximar al animal, tarea sumamente difícil sin equipo apropiado y también porque los botes inflables no son adecuados para pescar y mucho menos animales tan grandes.

           Como buen pescador, Pachi no aceptó ayuda y se esforzó manteniendo cerca al animal; Fermín dio aviso por radio al bote del capitán y de inmediato se nos unió. La batalla era fragorosa, ya que el poderoso marlin arrastraba las dos lanchas juntas y cuando robaba línea provocaba que el carrete de la caña se calentara tanto que teníamos que enfriarlo vertiéndole agua. Varias veces tuvimos que retroceder en dirección al animal para recobrar línea y valernos de la potencia de los motores para evitar que nos remolcara.

           Por lo menos en cinco ocasiones el gran pez saltó exhibiéndose majestuoso con su dorso y aleta color azul-cobalto, sus flancos color plata y su largo y afilado pico. Ray llamó por radio a los documentalistas pidiéndoles que se alistaran para filmar el espectáculo. Para entonces el Albatrus ya nos había alcanzado y no tardaron mucho en llegar Jim y Paul. A toda prisa prepararon sus equipos fotográficos y de buceo libre, entraron al agua y se zambulleron en busca de imágenes, pero el marlin se sumergió y sin dejar de pelear, se puso fuera de su alcance.

           Luego de una breve discusión con el primer oficial Aceves, el capitán Pichard decidió que el barco no se detuviera; lo alcanzaríamos más tarde, pero para tener tiempo y combustible suficiente, Pachi debía apresurarse, por ello únicamente le autorizó una hora más de pelea.

           Sujetando la caña como podía, Pachi no paraba de maldecir al vigoroso animal que insistía tirando desde el fondo, al mismo tiempo los fotógrafos se zambullían continuamente en busca de una buena imagen. De pronto el marlin emergió intempestivamente y antes de saltar pasó muy cerca de Jim. Quienes observamos el incidente nos horrorizamos imaginando las consecuencias si el veloz pez lo hubiera embestido; uno de los testigos fue Pichard, que de inmediato ordenó a los buzos subir al bote, terminando así la sesión de fotografía subacuática.

           Luego de aproximadamente hora y media de pelea, Pachi aceptó la ayuda de Fermín y entre los dos acercaron hasta la borda del bote al aparentemente cansado marlin. Pero sin ganchos, ni cuerdas para arrastrarlo de cola, me pregunté ¿cómo lo subiremos?

          En ese momento el marlin hizo un último esfuerzo por escapar, en el lance Fermín por poco cayó al agua, el capitán se colocó rápidamente en el costado opuesto, quedando el pez a ras de superficie entre los dos botes. Entonces Pichard sacó —no sé de dónde— una pistola... sí, una de esas escuadras que usan los militares; y desde una distancia considerable hizo varios disparos, acertando por lo menos un par de veces en la cabeza del marlin, el cual en segundos quedó fulminado. Desde luego la sangrienta escena me impactó, nunca había visto algo parecido; lo primero que pensé era que acababa de presenciar una barbaridad, pero luego reflexioné y comprendí que no estábamos en un torneo de pesca y que matar así al animal había sido más compasivo que engancharlo por la cola para remolcarlo y de esa forma hacer correr el agua en sentido contrario por sus agallas, hasta ahogarlo.

           Valiéndonos del pico y aletas, entre todos intentamos subir al bicharraco, pero debido a su tamaño no cupo por completo dentro del bote y no tuvimos más remedio que emprender el regreso con la mitad del animal en el agua, por fortuna el barco no se había alejado mucho y nos llevó poco tiempo alcanzarlo.

           Pachi no ocultaba su felicidad, nunca antes había capturado un pez de tales dimensiones; además, al llegar a un lado del barco, casi todos los tripulantes y expedicionarios, enterados por radio de la captura, esperaban ansiosos en cubierta y cuando vieron la presa vitorearon al cocinero, que emocionado prometió prepararía una cena estupenda.

           Con el mar calmo y el Albatrus navegando lentamente, la maniobra de embarque resultó muy sencilla; pero para poder subir al enorme pescado, el barco tuvo que detenerse. Pachi permaneció en el bote sujetando al animal, mientras Peter con la grúa los subía en una maniobra que resultó electrizante, ya que justo cuando se encontraban en el punto más alto —antes de que la grúa girara hacia cubierta— el bote se bamboleó peligrosamente, tanto, que hubo un momento en que poco faltó para que el marlin cayera al mar, de donde difícilmente lo hubiéramos recuperado porque seguramente se habría hundido. Por suerte, salvo pequeños daños en la lancha a causa del sobrepeso, todo salió bien y no pasó a mayores.

           Con el marlin sobre la cubierta, los naturalistas no desaprovecharon la oportunidad: mientras otros nos tomábamos fotos con él, ellos inspeccionaron minuciosamente al espécimen. Se trataba de una hembra que pesó 168 kilogramos y midió 2.85 metros desde la punta del pico hasta el vértice de la aleta caudal. Luego de las mediciones, los científicos ayudaron a destazar, o más bien debo decir, a diseccionar el ejemplar. El proceso inició con la extracción de viseras, a continuación examinaron todos los órganos internos y abrieron el estómago, en cuyo interior encontraron un par de peces voladores que seguramente habían sido devorados poco antes; luego filetearon con mucho cuidado las gruesas lonjas de carne y por último cortaron el pico —que es la mandíbula superior— para entregárselo como trofeo a Pachi, quien se empeñó en raspar con un tenedor hasta la última vértebra del animal para extraer la carne adherida al espinazo, ya que su intención era preparar un platillo parecido al ceviche, del que más adelante les platicaré. Los científicos además tomaron muestras de tejido cerebral, ojos, músculos, hígado, piel, hueso y sangre, para hacer análisis posteriores.

           La expectación que generó el marlin hizo que la mayoría olvidáramos que el barco había navegado mucho más tiempo del previsto a mínima velocidad, al advertirlo también me di cuenta que Adela no estaba entre los presentes, entonces alguien me dijo que cuando destazaban al animal se había mareado y refugiado en su cabina.

           Cerca del mediodía la tripulación subió la sonda sonar a cubierta; a pesar de ello la navegación se mantuvo a mínima velocidad, pues el capitán prefirió llegar a Clarión al día siguiente. Debido a que Pachi dedicaría toda la tarde a elaborar la cena prometida, solicitó ayuda con el almuerzo, así que me integré a un entusiasta equipo de expedicionarios, que a final de cuentas cocinó unos sofisticados huevos revueltos con jamón, acompañados de pan tostado y café. Menú que, tal vez por el hambre, encantó a los comensales. Más tarde le llevé jugo de naranja a mi mareada compañera, que por fortuna empezaba a recuperarse.

           Por la tarde, durante unos minutos pudimos ver en el horizonte la tenue silueta de Clarión, que luego desapareció entre la bruma. Entonces Jim nos invitó a ver sus magníficas fotografías y filmaciones, incluidas algunas del marlin. Poco antes del anochecer, una inesperada llovizna hizo más agradable el ambiente. Marc, el meteorólogo, recordó que navegábamos por una región que los científicos del clima denominan El corredor de los ciclones. Explicó que todos los años por lo menos una docena de ciclones y tormentas tropicales provenientes del sur-sureste, azotan el Archipiélago de Revillagigedo y también que por esa zona del Pacífico Nororiental fluyen importantes masas de aire húmedo que provocan lluvias gran parte del año.

           Ya entrada la noche escuchamos la llamada a cenar y ni tardos ni perezosos acudimos al comedor, el aroma proveniente de la cocina vaticinaba que gozaríamos de un verdadero manjar, y así fue. Nuestro amigo el “Cocinero Pescador”, apoyado por Evelyn y Rocío, elaboraron un banquete digno de reyes. Para empezar degustamos una ensalada que muchos nunca olvidaremos por su sabor. ¿Recuerdan que Pachi había raspado el espinazo del marlin hasta dejarlo totalmente descarnado? Pues esa pulpa de pescado la coció con jugo de limón y naranja, le agregó jitomate, zanahoria, perejil, cebolla, lechuga, pimiento, piña, mango y hasta tamarindo, combinación que resultó una exquisitez. A continuación saboreamos un rico consomé de marlin preparado con arroz, muchas verduras y especias exóticas. Luego, como plato principal, otro platillo gourmet: trozos de marlin mechados con tocino y cubiertos con una deliciosa salsa verde, receta que, por cierto, Pachi mantuvo celosamente en secreto. Por supuesto no faltaron el pan recién horneado y una abundante dotación de refrescante vino blanco. Para finalizar, el postre: fruta deshidratada, fresas con crema, más vino y café. Como ustedes comprenderán, al concluir el banquete quedamos plenamente satisfechos y excepto los tripulantes en guardia, todos nos retiramos a dormir mucho antes de lo acostumbrado.

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