Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Día 10, viernes 22-04. Explorando Clarión


Pez ángel de Clarión
Foto: Marimar Ponce

Juan despertó al grupo a las seis de la mañana y luego de un desayuno ligero, los siete nos dirigimos a la bodega para alistar los equipos. Isidore nos explicó que el buceo lo haríamos en un lugar cercano, donde él y Rocío buscarían muestras de coral para su investigación; Ramón y Marcela tomarían fotografías y nosotros los apoyaríamos en lo que fuera necesario.

           A las 7:30 de la mañana subimos a la cubierta de botes, ahí se nos unió el contramaestre Peter y el marinero Jean, ambos serían los lancheros. Por órdenes del capitán también nos acompañaría el segundo oficial Cardan, quien se encargó de coordinar el buceo. Minutos más tarde partimos rumbo a la punta oeste de la Bahía del Azufre y en un lugar poco profundo, cercano a las rocas, nos lanzamos al agua.

           La primera visión que tuve de aquella inmersión fueron los bellísimos ángeles de Clarión (Holacanthus clarionensis), pez endémico del archipiélago que posee un espectacular y cautivante color naranja. Por desgracia ese atractivo, muy apreciado por coleccionistas y acuarios alrededor del mundo, también ha sido la causa del tráfico ilegal de la especie, que por cierto se cotiza muy bien en el mercado estadounidense.

           La transparencia del agua, que permite una magnífica visibilidad bajo la superficie del mar, aunada a la abundante vida submarina de Clarión, hacen del lugar uno de los mejores del mundo para practicar el buceo. En aguas someras el paisaje de rocas, coral y peces multicolores, es impresionante y cuando se desciende a zonas más profundas es posible ver animales mayores, sin faltar las elegantes manta-rayas y varias especies de tiburón. Alrededor de la isla, donde predomina el fondo rocoso, abundan pequeños manchones de coral de la variedad hermatípico, pero precisamente en la Bahía del Azufre existe la única estructura arrecifal de Clarión. Isidore conocía bien el lugar, por ello desde que entramos al agua nos guió a un punto ubicado a unos 15 metros de profundidad, en el que se extiende una pared coralina que bordea la costa de la bahía; él y Rocío se dedicaron a recolectar muestras raspando ligeramente las puntas de algunos corales; mientras tanto, los demás, exploramos la zona. Pronto aparecieron un par de tiburones puntas plateadas (Carcharhinus albimarginatus), que tal vez atraídos por el ruido que producían los raspadores se acercaron a curiosear, además entre los corales encontramos tiburones puntas blancas de arrecife (Triaenodon obesus) reposando plácidamente.

           Ver tiburones siempre resulta una gran experiencia; sin embargo, su presencia también es una limitante, ya que al mantenerse atentos a sus movimientos, los buzos inevitablemente perdemos de vista el resto de las maravillas submarinas. Por fortuna, en esa ocasión, mientras Cardan y Ramón vigilaban a los escualos, Marcela se encargó de mostrarnos una gran variedad de moluscos, crustáceos y equinodermos que habitan entre los corales de Clarión.

           Al bucear a poca profundidad, nuestro consumo de aire fue reducido y por ello la inmersión duró cerca de 45 minutos. Más que satisfechos por el excelente paseo subacuático, emprendimos el ascenso a la superficie, donde ya nos esperaban Peter y Jean para llevarnos de vuelta al barco. Cuando llegamos, Ray ultimaba detalles para desembarcar, así que únicamente tuvimos tiempo suficiente para bajar los equipos de buceo y vestirnos antes de regresar a los botes para dirigirnos a tierra.

           Poco antes de las diez de la mañana, el primer grupo de expedicionarios al que yo me había sumado— emprendió el viaje a la playa de Bahía del Azufre. El desembarque resultó una nueva aventura, ya que en el momento que arribábamos, una ola por poco vuelca los botes. Aunque bastante mojados, todos llegamos sanos y salvos a tierra, ahí fuimos recibidos por el comandante de la isla; un solemne y amable teniente de apellido Hernández.

            El Apostadero en Isla Clarión es parte del Subsector Naval de Isla Socorro, que a su vez forma parte de la Cuarta Región Naval. Cuenta con un destacamento de entre nueve y doce marinos que son relevados mensualmente. La isla carece de agua potable, por tal motivo cada dos semanas es abastecida del vital líquido y demás provisiones por un barco que realiza el viaje desde la Base Naval en el Puerto de Manzanillo, Colima.

           El teniente Hernández se apresuró a darnos la bienvenida y algunas recomendaciones que Adela retransmitió a los expedicionarios que no entendían español, luego asignó a dos marinos para que fungieran como guías de nuestro grupo y además nos invitó a comer. El primer oficial Aceves se acercó al comandante y respetuosamente le dijo que éramos muchos, que por favor no se molestara; sin embargo, Hernández tajante replicó:

           Son mis invitados y me dará mucho gusto comer con todos ustedes.

            Entonces, el grupo inició preparativos para una larga caminata, por su parte Juan y Aceves permanecieron con el comandante, quien gestionaría con sus mandos superiores en Isla Socorro, el permiso para poder utilizar el helicóptero del Albatrus en Clarión.

          Mientras esperábamos a que Paul, Jim y Sato alistarán sus equipos fotográficos y de filmación, pude charlar unos minutos con algunos marinos mexicanos y, contrariamente a lo que pudiera parecer, constaté que todos estaban felices de haber sido comisionados a la isla. Los más veteranos comentaron haber estado por lo menos una vez antes y que salvo la temporada de ciclones, la estadía de un mes en Clarión siempre les resulta muy agradable, ya que además de tener la oportunidad de servir a la patria, también pueden disfrutar de las abundantes bellezas naturales del entorno, ya sea explorando, observando la vida silvestre y hasta pescando.

           Alrededor de las 11:30 de la mañana emprendimos la caminata; primero fuimos hasta los restos de un barco atunero que encalló durante una tormenta y luego conocimos la laguna de agua salobre, ubicada en el extremo noreste de la bahía y que según nos explicaron los guías, se mantiene llena gracias al agua de lluvia y a filtraciones marinas. De ahí seguimos por una vereda hacia el interior de la isla; los geólogos pronto se dijeron asombrados por la inmensa cantidad de rocas basálticas que encontramos.

            Por otro lado, los naturalistas admiraban la vegetación de Clarión, la cual básicamente se compone de pastizales, matorrales, nopaleras y algunos manchones de higueras entremezcladas con guayabillos. La isla cuenta con al menos 20 especies de flora únicas en el mundo.

           Durante el trayecto, igualmente encontramos varios animales endémicos; entre ellos una culebra de Clarión (Masticophis anthonyi), reptil no ponzoñoso pero que por su aspecto amenazante casi fue exterminado. Más adelante vimos un par de tecolotes cavadores (Athene conicularia rostrata), que se mantuvieron muy atentos mientras pasábamos frente a sus madrigueras y también un enorme cuervo (Corvus corax clarionensis) devorando un conejo (Oryctolagus cuniculus)

Desconociendo las consecuencias, durante la década de los ochentas, el personal de la Armada de México llevó conejos a Clarión y se adaptaron muy bien a las condiciones insulares. Actualmente se estima que la población silvestre de este mamífero es de varios miles de individuos, al parecer todos descendientes de una sola pareja. Si bien no se sabe a ciencia cierta cuál es su impacto sobre la fauna nativa, hay evidencia de que a partir de su presencia aumentó significativamente la población de cuervos, lo cual es un factor desequilibrante del ecosistema. Por otro lado, al ser un animal que se alimenta exclusivamente de plantas, se cree que pone en riesgo a especies vegetales endémicas, además de generar erosión. Por tal motivo, hoy en día se hacen grandes esfuerzos para erradicarlos.

            Años atrás, otra especie exótica que generó serios daños fue el cerdo doméstico (Sus scrofa), que igualmente introdujeron los marinos para abastecerse de carne fresca. Se cree que por descuido algunos ejemplares escaparon de los corrales y con el tiempo se convirtieron en animales salvajes, peligrosos incluso para los humanos. Los cerdos se alimentaban de la frágil vegetación isleña, causando deforestación y degradación del suelo. Asimismo consumían grandes cantidades de huevos que obtenían saqueando nidos de tortugas y aves, muchos de especies amenazadas. Por fortuna, gracias a la intervención del Grupo de Ecología y Conservación de Islas (GECI), los cerdos y otras especies nocivas como el borrego (Ovis aries) y la iguana negra o garrobo (Ctenessaura pectinata) fueron erradicados.

            Después de observar el vistoso cuervo, seguimos caminado hasta llegar a una planicie adyacente al Monte Gallego, que con una altura aproximada de 335 metros sobre el nivel del mar, es la máxima elevación de Clarión.  Continuamos por otra vereda rumbo al oriente, hasta llegar a una rústica pista de aterrizaje de aproximadamente 600 metros de largo, la cual sólo se utiliza en casos de emergencia, y desde ahí iniciamos el retorno por la brecha que comunica con las instalaciones del destacamento.

            Justo antes de la comida llegamos a la Bahía del Azufre, lugar en el que nos encontramos con Diana y el capitán Pichard; que recién desembarcaban a bordo del Eol. Diana de inmediato nos pidió le mostráramos fotografías y platicáramos de las aves que habíamos visto durante la caminata y mientras lo hacíamos, emocionada las identificaba con un voluminoso atlas de ornitología que llevaba a todas partes. Luego caminamos hasta el comedor, donde los marinos prepararon un rico platillo consistente en arroz con langosta, pescado y frijoles, sin faltar las tortillas de maíz, la salsa picante y el agua de limón. La hospitalidad de los marinos mexicanos sorprendió a Pichard, quien para agradecer sus atenciones, logró convencer al teniente Hernández de que el postre corriera por cuenta del Albatrus, entonces se comunicó por radio a la cocina del barco y le solicitó a Pachi que preparara unos pastelillos con nieve de chocolate, que más tarde fueron traídos a la isla por medio del helicóptero y que por cierto gustaron mucho a los anfitriones.

            La comida se llevó acabo en un ambiente de agradable convivencia, además se dio un sutil intercambio cultural. Algunos marinos platicaban anécdotas y otros simplemente escuchaban o se reían de las bromas de sus compañeros. Los expedicionarios aprovechamos para preguntar todo tipo de cosas relativas a Clarión.

            Luego de la comida, los marinos volvieron a sus labores. Terry y Jim abordaron el helicóptero para hacer una toma aérea de la isla. Los radioaficionados armaron su antena e intentaron, sin éxito, hacer una emisión. Los documentalistas y naturalistas, incluida Diana y sus muletas, fuimos al noroeste de la isla, a un sitio en el que nos dijeron podríamos encontrar una colonia del Albatros de Laysan (Diomedea inmutabilis), enorme ave oceánica, con una envergadura de alas de hasta 3 metros, que en realidad son muy poco frecuentes en el Pacífico Nororiental y que tal vez migran desde Hawái.

            Pese al esfuerzo del grupo, no pudimos ver a los Albatros y por ello iniciamos el retorno a la Bahía del Azufre un poco desilusionados. Sin embargo, ese sentimiento pronto cambió porque en el camino nuevamente vimos una culebra y luego una hermosa lagartija de color esmeralda conocida como lacertilio (Urosaurus clarionensis). Además la ornitóloga ubicó y fotografió otros pájaros que luego supimos también eran endémicos, entre ellos matraquitas de Clarión (Troglodytes tanneri), varias palomas de Clarión (Zenaida macroura clarionensis) y lo que supusimos era un ejemplar de la casi extinta pardela de Revillagigedo (Puffinus auricularis auricularis).

            De regreso en la playa, el capitán ordenó prepararnos para volver al barco, sólo uno de los documentalistas y los dos radioaficionados permanecerían esa noche en la isla: el primero para hacer filmaciones del Albatrus al amanecer y los segundos para reintentar su anhelado enlace desde Clarión con su base en Francia.

            Con cierta nostalgia me despedí de nuestros amables anfitriones isleños y a las 18:00 horas abordé el bote que me llevó de vuelta al barco. Por la noche nuevamente nos reunimos en el helipuerto para platicar sobre las actividades del día y ver las fotografías que habían tomado los naturalistas. Una de las más entusiasmadas en el momento de la proyección de las imágenes fue Diana, quien improvisadamente dictó una verdadera cátedra sobre cada una de las aves fotografiadas; explicando sus características y hábitos distintivos.

            Muchas de las aves marinas que ya habíamos visto en Clipperton, como los pájaros bobos y las fragatas, también las encontramos en Clarión; pero en cantidades inferiores. No obstante, ese día tuvimos la suerte de ver una especie endémica del archipiélago, que es precisamente la pardela de Revillagigedo. Además vimos un elegante espécimen de rabijunco pico rojo (Phaethon aethereus mesonauta), pájaro migratorio, poco frecuente en la costa continental de México.

            Diana también habló sobre las aves no marinas que habitan en el archipiélago, la gran mayoría endémicas, y expuso una teoría que intenta explicar cómo llegaron esas especies a tan lejanas islas. El argumento científico propone que todos los animales endémicos del archipiélago, son descendientes de otros que llegaron procedentes del continente, principalmente desde el sur de la península bajacaliforniana; volando o nadando, tal vez arrastrados por los vientos de una tormenta o navegando a bordo de ramas que las corrientes marinas llevaron a la deriva. Luego, después de muchas generaciones de aislamiento, evolucionaron con características diferentes a las de sus congéneres continentales.

            Imaginen todos los factores que debieron combinarse para que floreciera la vida en las islas. Sobre todo en el caso de las aves, reptiles, insectos, arácnidos y demás animalillos terrestres, los cuales primero debieron sobrevivir a un épico viaje que implicó cruzar el océano, después adaptarse a un entorno hostil y coincidir con una pareja que les permitiera perpetuar su especie.

            La extraordinaria diversidad biológica y el importante endemismo en el archipiélago, motivó que se ganara el mote de “Galápagos Mexicano” que no está de más decirlo, políticamente le pertenece al estado de Colima, y justamente por esa riqueza ecológica, en 1994 fue declarado Reserva de la Biosfera, decreto mediante el cual se pretende proteger la vida silvestre de todas sus islas e inmediaciones marinas.

            Al terminar la plática de Diana, le tocó turno a Jim, que mostró una filmación del sobrevuelo que realizó con Terry. Entonces los geólogos fueron los más interesados y el tema cambió inmediatamente. Desde el aire Clarión también resulta interesante, ya que se pueden apreciar con mayor claridad sus estructuras volcánicas. En las alturas, la transparencia del agua que rodea la isla, permite ver con claridad la cúspide del gigantesco edificio volcánico, que emergió desde el lecho marino a más de 3800 metros de profundidad, precisamente sobre la Fractura Clarión, que al igual que la de Clipperton, es una larga grieta que se extiende en dirección transversal al continente, al margen de las islas Revillagigedo. Dicha fractura es una profunda falla geológica en el piso oceánico, que al formarse rompió la corteza terrestre y permitió el escape de grandes cantidades de material magmático, el cual gradualmente fue construyendo cordilleras submarinas que con el paso del tiempo emergieron formando las islas del archipiélago. Esta falla inclusive penetra la plataforma continental y se introduce tierra adentro, justo en las inmediaciones de Bahía de Banderas, en el límite de los estados de Jalisco y Nayarit.  

            Richard y Didier afirmaron que se sabe poco sobre la Fractura Clarión y de su interacción con las placas tectónicas de la región, conocidas por su alta peligrosidad sísmica. Comentaron además, que hay indicios de que la falla en cuestión está relacionada con otras que cruzan el continente, desde la costa del Pacífico hasta el Golfo de México.

            Científicos mexicanos han advertido que la Fractura Clarión está íntimamente relacionada con la actividad sísmica en el Pacífico mexicano, inclusive la catalogan como un factor de alto riesgo de tsunamis. Por tal motivo, a principios del 2005, la UNAM instaló en las proximidades de Isla Socorro una boya con sofisticados censores, que en teoría ayudarán a detectar derrumbes o movimientos potencialmente peligrosos en la falla y de esa forma poder alertar a las poblaciones costeras continentales, con minutos de anticipación a un tsunami.

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