Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Día 24, viernes 6-05. Islas Coronado

Ilustración:Víctor Busteros

Apenas dormí unas horas cuando el barco se detuvo, supuse que habíamos llegado a Coronado y subí a cubierta para cerciórame. La noche era oscura y brumosa, pero aun así pude ver con claridad la luz intermitente de un faro. Finalmente habíamos llegado a las más septentrionales islas de México. Eran las 5:30 de la mañana, y a pesar de ello, muchos superamos el sueño y desafiamos al frío para estar presentes cuando los primeros rayos del sol iluminaran a las Coronado. En ese instante mis sentimientos eran contradictorios, por un lado sentí alegría porque pronto vería a mi esposa e hijos, pero por otro sentí tristeza porque repetir un viaje como el que estábamos a punto de culminar sería sumamente difícil. La verdad es que los 24 días que habían transcurrido desde que abordamos el Albatrus en Salina Cruz me habían pasado como si fuera una semana.

            Las Coronado son cuatro ínsulas: Coronado Sur, Coronado Centro, Coronado Norte y un islote rocoso conocido como Pilón de Azúcar. El centro geográfico del archipiélago se ubica aproximadamente en los 32 grados, 24 minutos, 55 segundos, latitud norte, y 117 grados, 16 minutos, 40 segundos, longitud oeste. Políticamente, el archipiélago le pertenece al municipio de Tijuana (Baja California) y como antes mencioné, está a escasos 13 kilómetros de la costa continental.

            A diferencia de las islas previamente visitadas, las Coronado no son de origen volcánico; su formación geológica se debe más bien a la tectónica de placas asociada a la falla que está separando la península de California. De hecho, las cuatro islas que conforman el archipiélago son plataforma continental emergida. Técnicamente se pueden definir como bloques de falla inclinados al oeste, compuestos casi enteramente de rocas sedimentarias. Asimismo la profundidad del océano circundante no rebasa los 60 metros, razón por la cual se puede decir que se asientan en aguas someras.

            A medida que amanecía apareció el contorno de la isla Coronado Sur, la más grande del archipiélago, que es de forma alargada y se extiende paralela al continente. Mide aproximadamente 3.7 kilómetros de largo por 600 metros de ancho y su máxima elevación ronda los 200 metros sobre el nivel del mar.

            Con el objetivo de hacer un recorrido de exploración con luz de día, el capitán Pichard ordenó detener al Albatrus a unas 2 millas (3.7 kilómetros) de distancia de la isla Coronado Sur, en un punto donde al clarear pudimos ver también el resto de las islas del archipiélago. Apenas amaneció, el barco reanudó lenta navegación rumbo a la isla Coronado Norte, la segunda más grande, ubicada en la parte noroeste del archipiélago; la cual igualmente es de forma alargada y en alineación paralela al continente. Mide alrededor de un kilómetro y medio de largo por 400 metros de ancho y su cima se eleva poco más de 150 metros sobre el nivel del mar. Su costa es totalmente acantilada y carece de playas.
           
            Al llegar a la isla, el barco la rodeó en sentido de las manecillas del reloj y mientras lo hacía vimos una docena de botes y yates deportivos que pescaban en la zona, todos con bandera estadounidense; obviamente Adela se enfureció porque pensó que lo hacían sin el permiso correspondiente de México y por supuesto anotó el incidente en su bitácora personal para averiguarlo después.

            Recuerdo muy bien que cuando el Albatrus enfiló hacia la isla Coronado Centro, la brisa ya había barrido la bruma y en ese momento alguien que estaba en popa nos llamó para mostrarnos un colosal barco que avanzaba mar afuera, se trataba de un portaviones de la Marina estadounidense que aparentemente acababa de zarpar del puerto de San Diego (California), un navío impresionante, que a pesar de estar bastante lejos de nuestra posición se veía inmenso.
       
Por eso precisamente los gringos no necesitan permiso para pescar en aguas mexicanas comentó con sarcasmo Juan, señalando el portaviones.

            Sí, claro refunfuñó Adela.

            La distancia entre la Coronado Norte y el islote Pilón de Azúcar no supera los tres kilómetros, así que no tardamos mucho en llegar a esa pequeña ínsula de aproximadamente 400 metros de largo por 150 de ancho y cuyo nombre se lo debe a las aves marinas que con sus excretas la decoraron como un par de montículos de azúcar. Inmediatamente al sur se encuentra otro islote más grande que es Coronado Centro, el cual mide unos 700 metros de largo por 250 de ancho y de ahí continuamos en dirección a la Coronado Sur, en cuya costa occidental vimos una playa pedregosa en la que descansaban varios lobos marinos.

Luego el barco la rodeó por el sur y al hacerlo encontramos varias boyas que quizá son las que usan los atuneros para anclar los corrales de engorda; continuamos navegando paralelos a la costa insular hasta la porción noreste, donde finalmente el Albatrus se detuvo frente a una pequeña caleta rocosa llamada Puerto Cueva, que es justamente el lugar en el que alguna vez estuvo el casino y club de yates que presuntamente era propiedad de Al Capone

La apariencia estéril de las Coronado es más que engañosa, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) cataloga al archipiélago como parte de la región marina prioritaria ensenadense; es decir, una zona que por sus características físicas y biológicas resulta particularmente importante para la conservación de la biodiversidad. Su peculiar ambiente, que combina aguas marinas con predominio de corrientes frías y el traslape del clima mediterráneo y desértico en superficie, ha propiciado el desarrollo de singulares ecosistemas y especies.

            Los científicos que han estudiado el archipiélago coinciden en que la biodiversidad del lugar es extraordinaria y prueba de ello es la presencia de varios animales y vegetales endémicos.

            La fauna silvestre en Coronado es muy interesante. Entre las especies terrestres que podemos encontrar está un extraño representante de los mamíferos, un roedor endémico conocido como ratón ciervo (Peromyscus maniculatus assimilus). Asimismo existen por lo menos ocho especies de reptiles, cuatro de ellos únicos en el mundo: el güico (Cnemidophorus tigris multisculatus), el cachora lagarto (Legaria multicarinata nana), la culebra toro o coralillo de Coronado (Pituophis melanoleucus coronalis) y la víbora de cascabel de Coronado (Crotalus viridus caliginis). También hay dos raros anfibios nativos: la salamandra arbórea (Aneides lugubris) y la salamandra delgada (Batrachoseps pacificus major)

            Coronado es además refugio migratorio, área de alimentación y anidación de aves marinas que habitan en ambientes costeros. Se destaca la presencia de la gaviota occidental (Larus occidentalis), el pelícano pardo (Pelecanus occidentalis), el cormorán de doble cresta (Phalacrocórax auritus), el cormorán de Brandt (Phalacrocorax penicillatus), el cormorán pelágico (Phalacrocórax pelagicus) y cinco especies enlistadas bajo algún grado de amenaza de extinción: la alcuela norteamericana (Ptychoramphus aleuticus), el petrel cenizo (Oceanodroma homochroa), el petrel negro (Oceanodroma melania), el petrel de Leach (Oceanodroma leucorhoa willetti) y el mérgulo de Xantus (Synthliboramphus hypoleucus), un pequeño pájaro de hábitos nocturnos que los ornitólogos catalogan como una de las aves marinas más raras del mundo y que podría extinguirse si se construye la planta regasificadora de Chevron-Texaco, pues Coronado es su principal sitio de anidación.

            La abundancia de nutrientes en las aguas circundantes favorece que los ecosistemas submarinos sean igualmente ricos en organismos vegetales y animales. Además, casi siempre es posible encontrar focas, leones y elefantes marinos que se alimentan de peces pequeños como la sardina. Asimismo, las Coronado están justo en la ruta migratoria de grandes cetáceos como la ballena gris y jorobada.

            Aunque en general los ánimos estaban bastante decaídos por el agotamiento acumulado, Adela y Diana se encargaron de organizar dos grupos de exploración durante el almuerzo: uno que iría a la isla y otro que en bote exploraría los alrededores. Así que al filo del mediodía, Adela acompañada de Evelyn, Jim, Toshi, Maurice, Ray y Román, abordaron un bote para dirigirse al Puerto Cueva, lugar en el que los esperaban elementos de la Armada de México para guiarlos en un pequeño recorrido terrestre. Al mismo tiempo Marcela, Rocío, Ramón, Paul e Isidore, abordaron otro bote con Diana, quien ansiaba fotografiar más aves marinas. El resto de los expedicionarios quizá fuimos más afortunados, ya que permanecimos en la cubierta del Albatrus disfrutando del benigno clima primaveral de California y el magnífico paisaje que contrastaba el azul turquesa del mar con el árido pardo y gris de la isla; desde luego todo lo anterior acompañado de vino tinto y una exquisita botana de aceitunas, pan y queso que nos convidó Pachi.

            Al igual que isla Guadalupe, el pequeño Apostadero de la Marina Armada de México en Coronado es parte de la Segunda Región Naval con base en Ensenada. Media docena de elementos custodian patrióticamente la soberanía nacional en ese lugar.

            Desde el barco, Juan y yo ubicamos el lugar donde Chevron-Texaco pretende construir la “Terminal GNL Mar Adentro de Baja California”, un sitio protegido del oleaje, a unos 600 metros al noreste de Puerto Cueva. De acuerdo al proyecto, dichas instalaciones consistirán de una terminal marítima en la cual buques con enormes tanques esféricos descargarán millones de kilogramos de gas natural licuado (en estado líquido), que inmediatamente pasará a la planta de regasificación, situada sobre una plataforma marina aledaña. Desde ahí, a través de una tubería submarina de 17 kilómetros de longitud, el gas será bombeado hasta la costa de Rosarito (Baja California). Cabe señalar que en Rosarito existe una importante termoeléctrica que seguramente se reconvertirá para usar el gas natural que le venda la compañía transnacional, lo cual significará pérdida de independencia energética para nuestro país.

            Al estar allí no fue difícil imaginar los impactos ecológicos que provocarán la construcción y luego operación de la planta regasificadora de Chevron-Texaco, eso sin contar el altísimo riesgo que implicará el tráfico de buques cisterna, el gasoducto submarino y la pérdida de la soberanía mexicana sobre el lugar. Resulta muy extraño que el gobierno mexicano esté a punto de autorizar tal concesión. La pregunta es: ¿realmente se habrán realizado estudios serios para valorar las consecuencias del proyecto?

            De pronto sentimos preocupación.

            Qué triste será si en el futuro nuestros nietos también lamentan la pérdida de estas islas, tal como ahora lo hacemos con Clipperton o el Archipiélago del Norte comentó Juan.

            Peor todavía será que nos reclamen no haber hecho nada para evitarlo agregué.

            La moneda aún está en el aire. Por eso la importancia de seguir apelando a la buena conciencia de las autoridades mexicanas para que eviten se repita la historia. Sería terrible que Coronado se convierta en un enclave estratégico para los intereses energéticos estadounidenses e igualmente que se extinga cualquiera de las especies amenazadas que dependen de la conservación de este singular ecosistema.

            Antes de las cinco de la tarde el grupo de Adela regresó feliz al barco. Entre otras cosas porque gracias a las amables atenciones de los elementos de la Marina, habían conocido el lugar donde todavía existen vestigios del casino de Al Capone y también el mirador, en la parte alta de la isla, que domina todo el archipiélago. Y lo mejor, durante el recorrido tuvieron oportunidad de ver a un escurridizo ejemplar del ratón ciervo de Coronado, especie que hace unos años estuvo al borde de la extinción debido a la depredación de gatos domésticos introducidos deliberadamente. Por fortuna los felinos ya fueron erradicados y la población de los curiosos roedores cornudos se ha recuperado.

            Poco después regresó el grupo de Diana, igualmente muy satisfechos, pues durante su recorrido alrededor de las islas Sur y Centro, habían fotografiado muchas aves marinas, algunos leones marinos y hasta una solitaria foca común que nadó junto a su bote.

            Esa tarde Adela se convirtió en la estrella, ya que fue elegida por Ray para ser la entrevistada que daría las opiniones concluyentes de la expedición. Previamente los demás argumentistas: Evelyn, Toshi, Maurice, Juan y un servidor, acordamos con ella qué era importante mencionar.

            Visiblemente nerviosa, nuestra compañera pidió su tequila y luego de beberlo subió al puente, en donde los documentalistas improvisaron el set de filmación para aprovechar como fondo la magnífica panorámica de isla Coronado Sur. Al terminar la grabación, Ray llamó a todos para que nos tomáramos la foto grupal.

            Luego, entre bromas y risas fuimos al comedor. Sabíamos que ésa sería la última comida a bordo y muchos aprovecharon para dirigir algunas palabras; entonces la nostalgia se hizo presente, pero el momento más emotivo fue cuando Ray agradeció, con lágrimas en los ojos, la colaboración de todos y cada uno de los participantes en su expedición. Finalmente alzó la copa y a la voz de “¡salud!” Brindó por la amistad.

            Antes de sentarnos a la mesa, el capitán Pichard y el primer oficial Aceves también expresaron su agradecimiento e hicieron un anuncio de última hora:

            Por problemas atribuibles a las extremas medidas de seguridad implantadas en los puertos estadounidenses como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y también a las no muy buenas relaciones entre el “Tío Sam” y Francia a raíz de la negativa de ésta última a participar en la guerra contra Irak, el agente de nuestra naviera, que gestiona el arribo del Albatrus al puerto de San Diego, se ha encontrado con una serie de trabas y trámites burocráticos absurdos que nos obligaron a tomar la decisión de terminar la expedición en Ensenada.

            No obstante los inconvenientes que a la mayoría provocó el cambio de destino, en general comprendimos la situación y aceptamos la decisión tomada por la tripulación.

            Esa tarde, antes de que oscureciera, sonó la sirena de partida y zarpamos con curso sur-sureste; apenas nos habíamos alejado un poco de Coronado cuando un grupo de delfines de costados blancos se acercó por estribor, brindándonos un gran espectáculo de despedida que disfrutamos hasta el anochecer. El puerto de Ensenada se encontraba a unas 49 millas náuticas (90 kilómetros) de nuestra posición, por tal motivo también se decidió navegar a baja velocidad para llegar poco antes del amanecer.

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