Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Día 20, lunes 2-05. Día de ballenas


La mañana siguiente, muy temprano y obviamente desvelados, subimos a cubierta para enterarnos por qué el barco se había detenido desde las cinco de la mañana. La respuesta ya la suponíamos; los geólogos harían nuevas mediciones con la odiosa sonda Jonás, la cual volvían a usar después de varios días de trabajar en la reparación de su maltrecho malacate. No obstante, el ánimo general no decayó, pues a lo lejos ya era posible distinguir a Guadalupe, la mayor isla volcánica de México y en general la quinta en tamaño; sólo superada por las islas Tiburón, Ángel de la Guardia, Cozumel y Cedros, respectivamente. Isla Guadalupe es el territorio mexicano más occidental, su extremo geográfico se sitúa en las coordenadas 29 grados, 8 minutos, latitud norte, y 118 grados, 21 minutos, latitud oeste.

            Mientras Richard y Didier hacían los últimos arreglos para sumergir la sonda en el mar, Peter llamó a quienes allí estábamos para mostrarnos unas ballenas que había descubierto mediante sus binoculares a unos 500 metros del barco. Por supuesto la presencia de los cetáceos llamó mucho la atención, principalmente de los documentalistas, que de inmediato le pidieron al capitán autorización para que Terry los llevara en el helicóptero y de esa forma hacer filmaciones aéreas. Pichard no se opuso y entonces la tranquila mañana se transformó en un agitado día de actividades en cubierta.

            Apresurados, Paul y Sato prepararon sus equipos fotográficos y de video-filmación. Terry, auxiliado por Peter, se dio a la tarea de alistar el Eol, que igualmente no se usaba desde Revillagigedo. Los demás permanecimos observando los chorros de agua que producían las ballenas y en espera de que los biólogos determinaran la especie. Unos decían que eran ballenas azules (Balaenoptera musculus) y otros que eran rorcuales comunes (Balaenoptera physalus), ambas especies, los animales más grandes del planeta.

            Ustedes se preguntarán: ¿cómo identifican el tipo de ballena? La respuesta por obviedad involucra mucha práctica en la observación de ciertos detalles distintivos en la forma, longitud y color, tanto del dorso como de las aletas. Sin embargo, quizá el método de identificación más eficaz a la distancia, es el análisis del chorro-soplido que producen los grandes cetáceos al exhalar, ya que cada especie tiene uno peculiar.

            Tan pronto se elevó el helicóptero se dirigió al lugar en el que vimos por última vez a las ballenas y luego de unos instantes, Paul confirmó por radio que se trataba de un par de ejemplares adultos de rorcual común, un pariente tan cercano de la ballena azul que frecuentemente se aparean y engendran híbridos. Los rorcuales comunes son animales enormes, las hembras superan a los machos en dimensiones, llegando a medir hasta 26 metros de longitud y pesar 120 toneladas. Salvo zonas reducidas, se les puede encontrar con relativa abundancia en prácticamente todos los océanos del mundo; por ello durante el siglo XX fue la ballena más cazada.

            Con el alboroto que generó el avistamiento, recordé que en septiembre del 2004, cerca de ahí, navegando rumbo a Puerto Vallarta en el Arctic Sunrise de Greenpeace, tuve la oportunidad de observar ballenas azules: una madre nadando con su cría a poca distancia del barco; un avistamiento que cada vez es más difícil de presenciar por la crítica situación de la especie. Expertos en mastozoología marina estiman que actualmente la población mundial de ballena azul es menor a mil ejemplares y muchos coinciden que el inofensivo gigante, que llega a medir hasta 33 metros de largo y pesar 200 toneladas, se extinguirá en el transcurso de los próximos 50 años debido al tremendo deterioro que sufren los océanos.

            La cacería de grandes ballenas para aprovechar su carne, grasa y huesos fue relativamente sustentable hasta mediados del siglo XVIII, a partir de entonces la industrialización de dichos productos provocó una drástica disminución de sus poblaciones, al grado que varias especies estuvieron muy cerca de desaparecer. En 1946, con la creación de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) se reguló la industria ballenera y en 1980 ese mismo organismo decretó una moratoria de la caza, precisamente para evitar su inminente extinción. A pesar de ello, valiéndose de argumentos ridículos, como la supuesta cacería con fines científicos; año con año, Japón, Noruega e Islandia continúan sacrificando de forma atroz e innecesaria a miles de animales.

            Además de la cacería comercial, los grandes cetáceos deben enfrentar el aturdimiento por ruido excesivo y heridas ocasionadas por un cada vez mayor número de embarcaciones. Asimismo enfermedades relacionadas a la contaminación de los océanos, redes de pesca que incidentalmente los atrapan y ahogan, la destrucción de sus santuarios de reproducción por la modificación de las costas y, para colmo, el calentamiento global ya está modificando vastos ecosistemas marinos, obligándolos a cambiar sus hábitos migratorios, reproductivos y alimenticios.

            Nunca antes desde su aparición, hace 55 millones de años, los cetáceos habían enfrentado tantas amenazas; de hecho, actualmente el promedio de vida de las grandes ballenas se ha reducido a menos de la mitad. 
           
            Cuando regresó el helicóptero, el grupo se reunió en el comedor y durante el almuerzo continuó la charla sobre el incierto y poco esperanzador panorama que se cierne sobre las grandes ballenas, concluyendo que la desaparición de una de las criaturas más emblemáticas de la biodiversidad, indicadora de la salud del ecosistema más complejo de la tierra, también podría reflejar el futuro de la vida misma en el planeta. Por ello, la importancia de conservarlas.

            Al mediodía, los geólogos terminaron su fallido intento de sondear el lecho marino, ya que nuevamente tuvieron problemas con Jonás, esta vez con el cable que lo conecta a la computadora de a bordo; pero no todo fue malo, ya que a petición de Ramón le adaptaron un hidrófono a la sonda que permitió realizar interesantes grabaciones de los rorcuales.

            Los rorcuales, como todas las ballenas barbadas (misticetos), emiten ruidos infrasónicos que se cree son la forma en que se comunican entre sí, incluso a cientos de kilómetros de distancia. La grabación obtenida por nuestros compañeros reveló extraños sonidos agudos y algunos chasquidos intermitentes que supusimos provenían de los rorcuales; sin embargo, también constatamos la contaminación sónica que producen las embarcaciones, pues el ruido del Albatrus, a pesar de estar detenido, y el de otro barco que pasó a lo lejos, interfirieron tanto que no dejaron escuchar con claridad a las ballenas.

            Ese día, desde la mañana, noté que el capitán Pichard se comportaba mucho más enojón conmigo. Le pregunté al primer oficial Aceves si sabía por qué, grande fue mi sorpresa cuando señaló mi playera, una que llevaba impresa la palabra “Greenpeace”.

            ¿Por qué? Pregunté incrédulo.

            Resulta que el capitán fue miembro de la Armada y en más de alguna ocasión fue comisionado a resguardar la Polinesia, cuando Francia hacía sus ensayos nucleares, y seguramente tuvo alguna mala experiencia con tus colegas contestó Aceves.

            ¿Pero entonces por qué me dijeron que el capitán era ecologista? Pregunté.

            Bueno, sucede que es un ecologista atómico respondió en tono irónico el siempre bromista primer oficial.

            Desde luego la situación me era bastante incómoda, pero aun así decidí no quitarme mi vieja playera; un poco por molestar a Pichard y otro mucho por convicción y amor a la organización de la que me enorgullece ser miembro.

            “Hippie” y “vándalo”, fueron algunos de los apelativos que recibí del capitán, y claro, no me quedó más remedio que permanecer calladito para no terminar entre tiburones. Sin embargo, cada vez que Pichard me reñía, aumentaba mi interés por conocer el motivo de su enfado. Así que después del almuerzo me armé de valor y con Adela como interprete lo enfrenté para preguntarle cuál era el problema y aunque me evadió, Diana se encargó de platicarnos que cuando Francia realizaba pruebas nucleares en la región del atolón de Muroroa, activistas de Greenpeace lograron burlar la patrulla que comandaba Pichard y eso le ocasionó graves problemas con sus superiores.

            Ni hablar, el capitán tenía motivos para estar enfadado con Greenpeace y por ello preferí ya no tocar el tema.

            Alrededor de las 14:00 horas el barco reanudó su marcha para llegar antes del anochecer a Isla Guadalupe. Apenas inició y nuevamente divisamos ballenas. Al principio creí que eran los mismos rorcuales que habíamos visto por la mañana, pero cuando observé con detenimiento sus chorros de exhalación, noté que eran diferentes y antes de que pudiera preguntar qué eran, oí a Marcela decir:

            Son cachalotes.

            Los cachalotes o ballenas de esperma (Physeter macrocephalus) siempre lanzan su chorro de exhalación de modo inclinado, además es relativamente sencillo identificarlos por su gran cabeza en forma rectangular. Es la mayor ballena dentada (odontocetos) y tal vez la especie más numerosa y distribuida de los grandes cetáceos. Su color es gris oscuro, tendiendo al negro; sin embargo, suelen aparecer ejemplares albinos, completamente blancos, tal como se describe Moby-Dick en la famosa novela de Herman Nelville.

            Los documentalistas de nuevo solicitaron autorización para hacer una toma aérea. Entonces el barco redujo al mínimo la velocidad y la tripulación, que aún trabajaba asegurando al Eol a su plataforma, se dispuso a recargarlo de combustible y liberarlo. Tras unos minutos todo estaba listo y el helicóptero emprendió el vuelo con Terry, Jim y Sato a bordo.

            Desde la proa del Albatrus vimos cómo los documentalistas, con el objetivo de no perturbar a los animales, sobrevolaron a gran altura el lugar donde se encontraban, pero tan pronto se posicionaron sobre ellos, un cachalote dio un espectacular saltó y enseguida desapareció en las profundidades con el resto del grupo.

            Decepcionados y con muy pocas imágenes, los documentalistas regresaron al barco y en cuanto lo hicieron el capitán ordenó acelerar la marcha hacia Guadalupe.

            En el trayecto, de repente apareció una patrulla de la guardia costera estadounidense, la cual durante varias millas se mantuvo cerca por estribor, probablemente con la intención de identificar al Albatrus. Como era de esperarse, Adela sintió que el guardacostas había incursionado en territorio mexicano y transgredido nuestra soberanía. De inmediato acudió con el capitán para preguntarle qué ocurría.

            Pichard, quien también se molestó por la actitud descortés del guardacostas gringo, ya que nunca entabló contacto radial con el Albatrus, comentó que muy probablemente estaban resguardando barcos estadounidenses que navegaban por la zona.

            Muy enojada, Adela insistió:

            ¿Pero qué hacen dentro de las 200 millas náuticas de México?

            Entonces el primer oficial Aceves le explicó:

En realidad de las 200 millas náuticas correspondientes a la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de México, las 188 millas exteriores son aguas libres al tránsito marítimo internacional, únicamente las 12 millas adyacentes a la costa son consideradas territoriales y de total soberanía. Así que el guardacostas gringo no cometió ninguna violación, pues todavía nos encontramos a 15 millas de Guadalupe y ya se retiró.

            Adela no podía creer lo que escuchaba y por ello también recurrió a Juan, quien le respondió exactamente lo mismo.

            ¿Entonces de qué le sirven a México esas 200 millas? Cuestionó con indignación.

            Como buena periodista, nuestra compañera dedicó gran parte de la tarde a investigar en Internet y por supuesto encontró bastante información:

            El marco jurídico de la Convención del Mar establece que los países tienen una soberanía funcional sobre la Zona Económica Exclusiva (ZEE), ya que no poseen plena soberanía como en su territorio o en su Mar Territorial (MT), sino un derecho de jurisdicción referido a determinadas funciones, pero con derecho exclusivo de dictar reglas a aplicarse en la zona.

            El país sólo tiene en la ZEE derechos de soberanía para los fines de exploración y explotación, conservación y administración de los recursos naturales, tanto vivos como no vivos, de las aguas suprayacentes al lecho y del lecho y el subsuelo del mar, y con respecto a otras actividades con miras a la exploración y explotación económicas de la zona, tal como la producción de energía derivada del agua, de las corrientes y de los vientos.

            Preocupada por lo que leyó, Adela se reunió a solas con Juan y conmigo, nos planteó la posibilidad de que los estudios realizados por los geólogos franceses violaban la soberanía funcional referida para la ZEE. Pero Juan, que había tramitado los permisos ante las autoridades correspondientes, le explicó que al hacerlo notificó que la expedición llevaría a cabo diversos estudios científicos, incluidos los geológicos.

            Sí Juan, pero a mí me parece muy sospechoso que el instituto oceanográfico al que pertenecen Didier y Richard esté financiando más del 50 por ciento de la expedición; algún interés económico muy grande debe haber detrás de sus estudios. Además ¿qué harán con la información que han recabado? Dudo mucho que la compartan con instituciones mexicanas replicó nuestra siempre desconfiada compañera.

            Debo reconocer que la intuición de Adela no es del todo descabellada. Sugiero que investiguemos comenté.

            Juan por su parte insistió en que no había nada fuera de lo normal:

     Las autoridades mexicanas saben perfectamente lo que están haciendo nuestros compañeros expedicionarios y no dudo que intuyan que hay algún tipo de objetivo económico detrás de sus actividades, ya que igual están enterados de los barcos extranjeros que explotan las maravillas naturales de nuestros mares, trayendo a miles de turistas, que por cierto pagan mucho dinero. El problema es cómo regularlo y controlarlo.

            Si bien es cierto que en los últimos años el país ha puesto mayor énfasis en el cuidado de la soberanía marítima, todavía falta mucho por hacer en cuestión de reglamentación y vigilancia añadió Juan.

            Por eso mismo no estaría mal averiguar qué harán los geólogos con la información que recabaron con su sonda insistió Adela.

            Ya de noche, el barco se detuvo a poca distancia del islote conocido como Adentro, ubicado frente al extremo sur de Isla Guadalupe y ahí permanecimos hasta el amanecer.

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