Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Día 14, martes 26-04. En busca de vestigios


Gran arco de Isla Socorro
Foto: worldsaquarium.com

La mañana siguiente me levanté totalmente repuesto y a toda prisa me dirigí al comedor para reunirme con Adela, Juan, Paul, Jim, Sato y Maurice. Desayunamos ligero y enseguida abordamos un bote que nos llevó al embarcadero. Desde allí iniciamos la caminata por la carretera asfaltada que comunica con la base naval; sin embargo, apenas comenzábamos cuando un marino nos interceptó para preguntarnos hacia dónde íbamos y luego por radio pidió instrucciones. Al principio pensamos que tal vez habíamos cometido alguna falta, pues no habíamos avisado a los mandos superiores que asistiríamos, pero luego llegó una camioneta a recogernos y el chofer nos explicó que para los marinos siempre es un honor que los civiles los acompañen en la rendición de honores.

            Al llegar a la base, caminamos hasta la explanada en la que se ubica su característica asta bandera y ahí presenciamos el solemne protocolo, con el cual, día a día, la Armada de México refrenda la soberanía nacional en la isla. Previo a la ceremonia, los documentalistas instalaron discretamente sus cámaras, colocándolas de modo tal que pudieron capturar todas las incidencias, operándolas mediante control remoto; de esa forma los tres extranjeros permanecieron alineados a nosotros en actitud respetuosa, lo cual fue muy elogiado por los oficiales presentes. Si bien en Clipperton vivimos una experiencia triste cuando nuestros compañeros franceses izaron su bandera, esta vez los mexicanos disfrutamos como nunca el momento en el que ondeó nuestro lábaro patrio.

            Al terminar los honores regresamos al embarcadero y ahí encontramos a Maurice preguntando a los marinos si habían visto cosas extrañas en los acantilados, marcas esculpidas que pudieran atribuirse a visitantes antiguos. Pero aunque señalaron varios sitios, la mayoría resultaron poco relevantes, pues en general hablaban de rocas con formas caprichosas, que seguramente tenían un origen natural. Sin ninguna otra posibilidad, debimos concentrarnos en puntos señalados en los viejos mapas de Evelyn.

            Adela, Toshi y Maurice empezaron a trabajar explorando en torno a Bahía Vargas Lozano. Paul, Juan, Evelyn y yo regresamos al barco para de ahí dirigirnos a otros puntos en la costa occidental de la isla. Por su parte, los documentalistas y casi todos los naturalistas, entre ellos la lesionada Diana, organizaron una excursión al monte Evermann.
 
            Luego de recoger algo de equipo en el barco, nos dirigimos a un sitio especialmente destacado en uno de los mapas, conocido hoy en día como Playa Blanca. En el bote nos acompañaban también el contramaestre Peter y un joven marino veracruzano de nombre Rosendo, quien demostró conocer bastante bien los obstáculos peligrosos que rodean a la isla. Durante el trayecto, Evelyn se dijo desconcertada, porque muchas características de la costa descritas en sus cartas no correspondían con la realidad, en especial una ensenada nombrada West Beach. Tales discrepancias nos hicieron suponer que erupciones posteriores a la elaboración del mapa pudieron modificar el litoral, haciendo desaparecer antiguos puntos de desembarque. Algo muy probable, pues la costa oeste de Socorro aún hoy registra actividad volcánica submarina.

            Tras una hora de navegación con viento y oleaje en contra, llegamos a Punta Tosca, en el extremo más occidental de la isla. De ahí enfilamos hacia el noreste, hasta nuestro destino, el cual está enmarcado por un espectacular arco labrado por las olas en los acantilados, y a la derecha del  mismo, una caleta en la que se encuentra Playa Blanca.

            El ingreso a dicho lugar desde el mar resulta muy complicado y en ocasiones peligroso por las estructuras coralinas y rocosas que bordean la boca de la bahía. No obstante la dificultad, Rosendo sorteó los obstáculos para ingresar y ya adentro de la caleta el oleaje se tornó tan apacible como en una laguna; además, la poca profundidad permitió observar con claridad la abundante vida que existe en el fondo somero. Haciendo alarde de destreza náutica, el guía de la Marina y el contramaestre del barco, llevaron la lancha hasta la playa de blancas arenas. Atraídos por la claridad y calidez del agua, aprovechamos la oportunidad para echarnos un chapuzón. Luego caminamos dentro del mar, arrastrando cuidadosamente los pies para no pisar y ser picados por alguna de las muchas rayas (Dasyatis americana) que vimos cerca de la orilla. Así recorrimos gran parte de la caleta, hasta llegar al centro de la misma, lugar en el que se yergue majestuosa una única palmera, que le da un toque exótico al paisaje del entorno. Más tarde nos dirigimos hacia una zona próxima al gran arco, en búsqueda de vestigios, pero la enorme cantidad de organismos que encontramos en la zona intermareal hizo que olvidáramos nuestro objetivo por momentos.

            Caracoles, lapas, cucarachas de mar y hasta langostas, nos mantuvieron distraídos hasta que Evelyn muy emocionada nos llamó para mostrarnos lo que supuso eran unas iniciales labradas en la roca, las cuales encontró en una pared acantilada. Aparentemente se trataba de una letra C, no muy clara, y bajo ella una J, ambas de aproximadamente 40 centímetros de altura. Pero sin la opinión experta de los geólogos, lo único que pudimos hacer fue tomarles fotografías y especular en cuanto a su origen.

            Quizás son las iniciales de algún subordinado del pirata Drake dijo Juan.

            ¿Entonces por qué no está la FD de Francis Drake? Pregunté.

            Mientras los demás nos divertíamos divagando y diciendo disparates, Evelyn permaneció pensativa, observando detenidamente las marcas desde distintos ángulos y luego dijo:

            Puede ser la CJ de Clipperton, John.

            ¿El de la Isla Clipperton? Preguntó Juan.

            El mismo contestó la historiadora.

            Si bien es cierto que Francis Drake recorrió el Pacífico Americano, desde el Estrecho de Magallanes hasta la costa del actual estado de Washington, existen muchos mitos en torno a los lugares donde tocó tierra. Además, Drake fue bien conocido por ser un ególatra pretencioso, que en diversas ocasiones trató de adjudicarse proezas de otros exploradores. Basta mencionar que en el año 1580 se autoproclamó el primer navegante que circunnavegó la tierra, cuando a quien realmente le pertenecía esa distinción era a Juan Sebastián Elcano, que además lo había logrado seis décadas atrás.

            Por lo anterior, la presencia de Francis Drake en Revillagigedo es un tema siempre discutible, no así la de John Clipperton, quien incluso hizo descripciones detalladas del archipiélago.

            Aunque exploramos bastante, el resto de la mañana y parte de la tarde transcurrieron sin mayores hallazgos; sin embargo, tuvimos oportunidad de admirar la interesante ecología de Playa Blanca y sus inmediaciones.

            Alrededor de las tres de la tarde abordamos el bote y regresamos por donde habíamos llegado, pero la marea había bajado tanto, que la maniobra para salir de la pequeña bahía resultó realmente complicada; de hecho, hubo trechos en los que fue necesario usar los remos ya que la pata del motor no libraba los bajos de coral. Finalmente llegamos a aguas profundas e iniciamos la navegación de regreso. Durante el trayecto seguimos hablando sobre las supuestas iniciales, que ya dábamos por un hecho le pertenecían a algún antiguo visitante.

            Nuestro arribo al barco coincidió con el de los naturalistas, que igualmente regresaron maravillados de su excursión por el Evermann; todo mundo comentaba sus experiencias y mostraban las fotos obtenidas durante las exploraciones. Evelyn y Maurice acapararon a los geólogos para tratar de obtener una pronta opinión respecto a los supuestos petroglifos descubiertos por sus respectivos grupos. Los expertos no tardaron mucho en descartar las marcas fotografiadas en la parte sur de la isla por el grupo de Maurice, no así las extrañas iniciales encontradas en Playa Blanca, las que sí despertaron su interés y por tal motivo, hasta no examinarlas personalmente, decidieron concederle el beneficio de la duda a Evelyn.

            Antes de la comida, Paul recabó entre los expedicionarios todas las fotografías del día que consideró interesantes y con ellas hizo una compilación que presenciaríamos por la noche. Por otro lado, el jefe Ray hacía entrevistas y preguntaba todo tipo de cosas a los argumentistas, manteniendo muy ocupado al equipo.

            Puntuales a las seis de la tarde nos reunimos en el comedor y, como de costumbre, disfrutamos del sabroso menú de Pachi. Durante la comida Ray pidió un aplauso para Max y Louis, nuestros discretos compañeros radioaficionados, a quienes previamente, por teléfono satelital, les habían confirmado una gran noticia. Resulta que durante la estadía en Clipperton, habían logrado comunicación con su base en Paris (Francia), utilizando para ello un curioso aparato que fabricaron ellos mismos y que se distingue por funcionar únicamente con paneles solares y un generador potenciador de manivela, registrando así la comunicación más lejana hasta el momento establecida con ese tipo de equipo. Una verdadera proeza técnica en el ámbito de la radio-afición amateur.

            Emocionado, Max agradeció el aplauso y luego invitó a celebrarlo con un brindis, para lo cual iba preparado con 5 botellas de Champaña. Ya imaginarán la ovación que recibió.

            Siempre que había posibilidad, al terminar de comer la tripulación realizaba un juego de dados en el que los perdedores pagaban su deuda lavando los trastes del oponente, y ese día, después de haberme mantenido invicto, finalmente tuve que lavar los platos, vasos y cubiertos de nueve de mis compañeros, además debí ayudar a limpiar la cocina. No obstante, terminé a tiempo para disfrutar la presentación fotográfica que se llevó acabo en la cubierta de popa. 

          La sesión inició con una filmación subacuática realizada por Jim y Sato en Cabo Pierce, en la cual aparecieron decenas de tiburones sedosos merodeando a su alrededor; entonces entendí por qué les habia gustado tanto bucear en ese lugar. Además de los escualos, también encontraron una serpiente marina de costados amarillos (Pelamis platurus) de aproximadamente un metro de largo, un animal que para el ojo inexperto parece ser un pez anguila, pero en realidad es un reptil, pues respira aire. Las imágenes más destacadas del video mostraban a Sato manipulando a la serpiente, que a su vez se deslizaba dócilmente por sus brazos, acción que a muchos nos pareció más que temeraria, pues las serpientes marinas poseen un veneno al menos diez veces más poderoso que el de la vibora de cascabel y del que es dificil conseguir antidoto. 


           Ramón, el biólogo del equipo, aprovechó para mencionar que existen alrededor de 50 especies de serpientes marinas, mismas que evolucionaron de un antepasado terrestre, todas ponzoñosas en extremo. Pero aclaró que son animales apacibles, que difícilmente atacan a las personas cuando se les trata con cuidado; además, comparadas con las serpientes terrestres, poseen colmillos muy pequeños, lo cual dificulta que inyecten su letal veneno. Aunque definitivamente recomendó no imitar a Sato. 


          A continuación vimos fotografías de la excursión al Evermann, empezando con imágenes de una pequeña manada de los famosos borregos ferales. Enseguida, sobrios paisajes de rocas y praderas captados durante el recorrido, y también de la pista aérea de 1250 metros de largo, ubicada a 6 kilómetros de la base. Luego vinieron fotos de aves, algunas magníficamente logradas con el telefoto que usó Jim. A petición general, Diana, la ornitóloga, se encargó de identificar y comentar sobre las especies que iban apareciendo. En Socorro, igualmente, el grupo faunístico insular más importante son las aves, destacándose por su alto índice de endemismo. Pájaros únicos en el mundo que se adaptaron muy bien al peculiar ambiente isleño.

Paloma de Socorro
 socorroislands.weebly.com


          Al ir apareciendo esos bellos especimenes, Diana se auxilio de su atlas de taxonomía para explicar de que animal se trataba, cuales eran sus características particulares y su estado de conservación, lo que nos permitió entender mejor el porqué es tan interesante Isla Socorro para los etudiosos de las aves.

          Si bien la recopilación fotográfica incluyó muchas aves no endémicas, la atención se centró sobre las que sí lo eran. Primero vimos a la tortolita de Socorro (Columbina passerina socorrensis), enseguida un gavilán de Socorro (Buteo jamaicencis socorrensis) con su vistosa cola roja.; luego aparecieron los abundantes chipe (Parula pitiayumi graysoni) y matraquita de Socorro (Troglodytes sissonni); así como el cenzontle de Socorro (Mimodes graysoni), el cual cautivo a los expedicionarios por ser un pájaro ya muy raro, que casi se extinguió debido a que no demuestra temor al hombre, ni a los gatos.

          A medida que los excursionistas avanzaron por la ladera del volcán, llegaron hasta una selva baja muy densa, compuesta principalmente de matorrales diversos, helechos e higueras; paraje en el que tuvieron la oportunidad de fotografiar al verdín aceitunero (Dendroica auduboni), al chivirín (Thryomanes sissonii) y otro curioso pajarillo conocido como toqui de Socorro (Pipilo erythrophthalmus socorrensis)

        Más arriba, prácticamente bordeando la cintura rocosa del Evermman, existe un enmarañado bosque con abundantes frutales como los naranjos, zapotillos, capulines y guayabillos, entre otras especies arbóreas que, quizás por la frecuente presencia de los ciclones, evolucionaron creciendo de modo inusual para soportar el embate del viento. Con relación a lo anterior, es importante mencionar que una tercera parte de las especies vegetales de la isla es endémica.

          En uno de aquellos árboles de guayabillo, ubicado aproximadamente a 100 metros de la vereda por donde pasaba el grupo, Jim logró fotografiar a los pintorescos periquitos de Socorro (Aratinga holochlora brevipes), una verdadera curiosidad ornitológica por tratarse del único representante de la familia de los psitácidos en el archipiélago.
            Luego siguieron las imágenes de las estériles laderas rocosas, donde tuvieron la suerte de ver a un ejemplar de la espectacular lagartija azul de Socorro (Urosaurus auruculatus) y desde ahí también lograron espléndidas panorámicas de la costa bañada por un soberbio mar azul.

            Diana reseñó que justo en ese lugar el grupo se dividió: los geólogos y los documentalistas acompañados de uno de los guías continuaron hacia una zona cercana al cráter para observar las fumarolas y también una charca de agua de lluvia que hierve por el calor que le transmite el volcán. El resto de los excursionistas inició el descenso hasta un sitio en el que buscaron, sin éxito, a la pardela de Revillagigedo, pero en esa zona aparentemente vieron a la garza nocturna de Socorro (Nyctanassa violacea gravirostris), otra escurridiza ave endémica de la que no pudieron obtener imágenes.

            Es importante comentar que durante el siglo XX se registraron dos lamentables extinciones en Socorro; la primera ocurrió en el transcurso de la década de los treintas. En aquel entonces se trató de un pequeño búho conocido como tecolote enano (Micrathene whitneyi graysoni), una subespecie endémica de la que muy poco se sabe y que se cree desapareció víctima de la presión que ejerció sobre ella la fauna exótica. La segunda extinción corresponde a la paloma de Socorro (Zenaida graysoni), una elegante ave, de tamaño mediano, que se vio por última vez en 1972. La súbita desaparición de la especie está rodeada de enigmas, ya que antes de que eso sucediera nunca se percibió que su abundante población declinara. Los científicos la atribuyen a los gatos y además agregan como factores significativos la depredación humana y la deforestación ocasionada por las ovejas.

            Por fortuna, antes de 1972 algunos coleccionistas de Alemania y Estados Unidos atraparon ejemplares vivos de la especie y lograron que se reprodujeran en cautiverio. De esa forma, involuntariamente preservaron a la paloma de Socorro. Actualmente se estima que existe una población de varios cientos y de hecho ya hay un proyecto coordinado por la fundación Island Endemic para reintroducirla a su hábitat natural.

            Durante la exhibición, Paul mostró una serie de fotografías muy interesantes, la mayoría de pequeños moluscos e insectos que encontró durante la caminata por Playa Blanca; desde un conglomerado de pequeños caracolillos y cangrejos adheridos a una roca, pasando por vistosas moscas de colores metálicos, posadas sobre los despojos de un pez muerto en la arena, hasta una libélula colectando polen de una flor. Cuando aparecían dichas fotos, Adela intervino para comentar que aunque se sabe existen varios artrópodos endémicos en el archipiélago, como la abeja de Isla Socorro (Lithurge socorrensis), muy poco se ha estudiado al respecto, y agregó que uno de los grupos con mayor potencial son los arácnidos, incluidos algunos alacranes.

            Al terminar las imágenes, Ramón también comentó que es de destacarse la ausencia de anfibios y mamíferos autóctonos en el archipiélago; aunque refirió que algunos reportes del personal de la Armada han propiciado que se discuta la remota posibilidad de que en una de las numerosas cuevas que se ubican en la costa oeste de Socorro, exista una pequeña colonia de murciélagos mamíferos; lo cual de comprobarse sería un descubrimiento notable.

            Para cerrar exitosamente la presentación fotográfica, Max destapó las botellas de champaña y brindamos por su hazaña radio-tecnológica.

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