Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Cabo San Lucas


Al irnos aproximando a la costa, el asombroso glamour que envuelve a Los Cabos nos impactó. Sin lugar a dudas es uno de los destinos turísticos más exclusivos del mundo. Enormes complejos hoteleros, campos de golf, marinas y suntuosos yates abundan a lo largo del extremo sur de la península de Baja California.

            Cabo San Lucas se encuentra aproximadamente a 30 kilómetros al suroeste de San José del Cabo, el otro extremo del corredor turístico y cabecera municipal de Los Cabos. El primero es una ciudad que a principios del siglo pasado tan sólo era una aldea de pescadores, posteriormente allí se establecieron algunas empresas pesqueras norteamericanas y más tarde otras mexicanas que le dieron vida económica al que por muchos años siguió siendo un pequeño poblado.

            Los destacados atributos naturales del entorno pronto atrajeron a visitantes, principalmente provenientes de Estados Unidos y Canadá; con ellos, a partir de la década de los setentas, la pequeña aldea se fue transformando en un enclave preponderantemente turístico.

            En contraste, San José del Cabo, inicialmente denominado Puerto San Bernabé, es mucho más antiguo, fue fundado en 1730 por el padre jesuita Nicolás Tamaral, quien cuatro años más tarde perdiera la vida víctima de una insurrección de los indios pericúes, habitantes autóctonos de la zona. Por su situación geográfica, su estero y acuíferos subterráneos, que son la única fuente de agua dulce en la región, San José del Cabo también fue punto de referencia y escala para el Galeón de Manila, obviamente ello también atrajo a piratas que ahí esperaban a los sobrecargados buques españoles procedentes de Asia. Uno de los atracos más famosos fue el de la nao Santa Ana, el cual lo llevó acabo el bucanero inglés Thomas Cavendish.

            La primera expedición europea que llegó a los Cabos fue la que dirigió personalmente Hernán Cortés en 1535. Cabe mencionar que en ese entonces los exploradores creían que Baja California era una gran isla.

            Si bien a Cortés se le atribuye el descubrimiento de toda la Península, la realidad es que años antes otra expedición patrocinada por él mismo ya había pisado esas tierras. Ese hecho ocurrió a finales de 1533, luego de que el navegante Fortún Ximénez encabezara un motín y matara al capitán de la expedición. Ximénez tomó el mando y llegó a la actual Bahía de La Paz, en donde encontró hermosas playas de arena dorada, bañadas por las aguas de un apacible mar de tonos turquesa, habitada por indios bien parecidos, que deambulaban semidesnudos y ataviados con abundantes perlas. Pero la insaciable avaricia de Ximénez lo llevó a cometer toda clase de atrocidades, desde saqueos hasta violaciones, actos que a final de cuentas le costaron la vida, pues hartos de sus abusos, los indios lo asesinaron.

            Hablar de la península bajacaliforniana me obliga mencionar al Mar de Cortés, uno de los más ricos y biodiversos del planeta, no por nada el oceanógrafo Jacques-Yves Cousteau lo bautizó como el Acuario del Mundo”. Una vasta red de ecosistemas marinos, insulares y ribereños que albergan al menos 740 especies endémicas.

            En punto de las tres de la tarde, el Albatrus fondeó dentro de la bahía, frente al puerto, no muy lejos del bellísimo arco natural que identifica al destino turístico. Luego de la consabida inspección por personal del Sector Naval de Cabo San Lucas, el capitán ordenó a la tripulación bajar dos botes: uno para llevar a Didier al hospital y otro para que Pachi fuera a abastecerse de víveres.

            En ese momento, Rocío, Isidore y los documentalistas intentaron, sin éxito, convencer a Ray para que los dejará ir a Cabo Pulmo, un lugar ubicado a poco más de 100 kilómetros, aproximadamente a la mitad del camino entre San José del Cabo y la ciudad de La Paz, capital del estado. Dicho punto les resultaba especialmente interesante por su peculiar arrecife coralino, el más septentrional del Pacífico y por tal motivo muy atractivo para los científicos que estudian los efectos del calentamiento global en los océanos, pues creen que por estar fuera de las aguas cálidas del trópico tendrá mayores posibilidades de resistir el inminente aumento de la temperatura del agua.

            A pesar de la insistencia, Ray no accedió a la petición de nuestros compañeros, ya que de permitirles hacer esa visita, la expedición se retrasaría por lo menos un día más. Sin embargo, el tema llamó su atención y pidió que abundaran al respecto. Entonces, Isidore explicó que recientemente un grupo de científicos franceses publicó un estudio que documenta un extraño fenómeno atribuible al cambio climático en los mares; y es que aparentemente algunas especies de coral del Pacífico Sur se están desplazando a latitudes más allá del trópico, regiones donde las temperaturas del océano, aunque son un poco más frescas, se mantienen constantes, permitiéndoles vivir con menor estrés térmico. Según los biólogos marinos que participan en el estudio de esta curiosa reacción del coral al calentamiento de los mares, podría tratarse de un indicativo de que los pólipos y algas que conforman las colonias coralinas, emigrarán lentamente a medida que aumente la temperatura del mar y las grandes barreras coralinas mueran por el blanqueado.

            Con Didier desembarcaron su colega Richard y también el médico. Por su parte, Pachi le pidió a Adela que lo acompañara para ayudarle a seleccionar las frutas y verduras que necesitaba comprar. Quienes nos quedamos en el barco no tuvimos más remedio que seguir platicando, admirar el paisaje y hasta echarnos un chapuzón en el mar con la compañía de un par de lobos marinos que se aproximaron a curiosear.

            Si bien la vertiginosa transformación de Los Cabos ha generado progreso económico, también se ha convertido en una creciente amenaza para el medio ambiente, sobre todo porque la capacidad de recarga natural del lugar ya fue rebasada. Cuando uno observa el paisaje desértico del entorno es sencillo entender el problema: por un lado, la exacerbada demanda de agua de los palaciegos complejos hoteleros, con sus gigantescas piscinas y campos de golf, pronto agotarán las de por sí escasas reservas del vital líquido, que durante siglos han abastecido a las comunidades residentes, y por otro, la construcción de infraestructura está alterando la costa y, en la mayoría de los casos, destruyendo ecosistemas ribereños muy importantes por su íntima relación con los ecosistemas del Mar de Cortés.

            Lo peor del caso es que el auge de este tipo de desarrollos turísticos no se limita al extremo sur de la península; a lo largo de toda la costa de Golfo de Cortés, enmarcados en un megaproyecto denominado Escala Náutica”, se están levantando decenas de esos engañosos oasis, que los investigadores advierten provocarán más daños que beneficios.

            Ante este escenario, miembros de la comunidad científica y grupos ecologistas denunciaron que muchos de los permisos otorgados a los empresarios hoteleros se autorizaron al vapor, es decir, sin un auténtico estudio de impacto ambiental. Por ello es impostergable que las autoridades municipales, estatales y sobretodo las federales actúen ejerciendo mayor control e incluso revoquen los permisos que no cumplan cabalmente con las disposiciones ambientales necesarias.

            Poco antes del anochecer regresó la lancha con Didier, quien llegó de muy buen humor presumiendo su pierna enyesada, minutos después regresó el bote de Pachi y Adela, que previamente había hecho escala en un oxidado barco camaronero, fondeado cerca del Albatrus.

            Al abordar, Adela se dijo indignada por lo que había visto ese día y comenzó platicándonos que nunca hubiera imaginado que Los Cabos se convirtiera en lo que es hoy:

            Es impresionante, todo está anunciado en inglés, la gente habla inglés, te cobran en dólares y a precios de oro. Me sentí como extranjera en mi propio país.

            Y continuó:

            Fuimos hasta San José porque aquí en San Lucas las verduras estaban carísimas. Sin embargo, con todo lo que compró Pachi nos vimos obligados a pedir un taxi, así que igual no ahorramos nada. El colmo, cuando pasamos al barco de aquí junto para ver si nos vendían algo de camarón; los tripulantes nos recibieron como gringos y aunque un poco más barato que en el mercado local, pagué cinco kilogramos de camarón al precio más alto que jamás haya pagado.

            Pero además en las hieleras del camaronero llevaban muchísimas rayas juveniles, algunas tan pequeñas que cabrían en la palma de mi mano agregó Pachi.

            Por desgracia, mucho del camarón que se produce en México es obtenido mediante la flota camaronera, verdaderos barcos de la muerte que con sus redes de arrastre barren el suelo marino atrapando todo lo que allí se encuentra. Técnica pesquera no selectiva y altamente depredadora que ha destruido grandes extensiones de los fondos oceánicos someros, los más ricos en diversidad biológica.

            Para darnos una idea, basta mencionar que en promedio por cada kilogramo de camarón capturado, las redes de los barcos también extraen 9 kilogramos de lo que en el argot se denomina “fauna de acompañamiento”, organismos que por su escaso interés comercial son regresados muertos o muy lastimados. La tremenda e irracional depredación que provoca esta pesquería, en algunas zonas agotó el recurso y por ende los barcos buscan especies diferentes, muchas de las cuales son extraídas cuando todavía son juveniles, sin que se hayan reproducido, como es el caso de las rayas y otros peces, que obviamente se han visto muy afectados.

            Como ese día sólo habíamos comido unos bocadillos por la ausencia de nuestro respetado cocinero, su retorno era muy esperado por todos a bordo. Sin embargo, esa noche Evelyn, Rocío y Adela se harían cargo de la cena, prometiendo una sorpresa culinaria.

            Mientras tanto, en la mesa se discutió sobre qué hacer con Marcelasaurios, La cuija polizón, que para entonces se había adaptado bastante bien a su improvisado habitáculo. Marcela propuso desembarcar y liberarla en alguna de las construcciones que rodean la marina de Cabo San Lucas. En general todos estuvimos de acuerdo, excepto el recio capitán Pichard, que en tono conciliador preguntó si podían conservarla como mascota del barco, argumentando que la tripulación se había encariñado mucho del pequeño reptil.

            No vemos por qué no coincidieron Marcela y Ramón, que sólo recomendaron se le construyera un recinto más cómodo y de ser posible encontrarle compañero.

            La petición de Pichard se sustentaba en que desde la sorpresiva aparición de Marcelasaurios”, los tripulantes, quizá como terapia de convivencia, se hicieron cargo de ella, consiguiéndole todo lo necesario para hacerle más llevadera su vida en cautiverio, incluso se turnaban para atraparle su alimento: moscos, hormigas y otros insectos vivos que encontraban en la cocina y bodegas de víveres. No había duda, la cuija estaría mucho mejor en el Albatrus. 

            La expectación por lo que preparaban las chefs voluntarias aumentaba a medida que un rico aroma de fritangas, procedente de la cocina, invadió el comedor. La incertidumbre terminó cuando Evelyn salió con una charola repleta de tacos dorados de marlin, crujiente bocadillo que encantó a los comensales.

            Al terminar de cenar, la tripulación se retiró para iniciar los preparativos de la partida, pues Ray informó que zarparíamos antes del amanecer. Nuestro siguiente destino sería un lugar alejado de la península bajacaliforniana, referido en cartas de navegación desde el siglo XVI como Escollos Alijos. A todos sorprendió el repentino cambio de ruta, pues originalmente se planeó visitar San Benito y Cedros, islas que se encuentran próximas a la gran bahía de Sebastián Vizcaíno, ubicada en el extremo noroeste de Baja California Sur. Ray explicó que para la expedición resultaría más interesante visitar Alijos por tratarse de una referencia geográfica señalada en la ruta de La Nao de China como un lugar peligroso, ya que era frecuentado por piratas. Además Jim, que ya lo conocía, agregó que el sitio alberga una rara mezcla de ecosistemas marinos porque se encuentra precisamente en lo que los científicos denominan: franja de transición entre dos provincias biológicas. Riqueza bien conocida por prestadores de servicios turísticos que ofertan expediciones de buceo y pesca deportiva en dicho lugar.

            Para no variar, la jornada en Los Cabos resultó intensa y el cansancio venció a la mayoría de los expedicionarios, así que después de cenar todos nos fuimos a dormir.

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